Siento cambiar de tema pero voy a hablar de algo que aunque a muchos les suene a guasa a mi me resulta la mar de importante en tanto en cuanto me saca de quicio. Estoy hasta los ... De que en este pueblo en los escasos días de descanso de que uno dispone en el regular o buen tiempo, tenga uno que levantarse por la mañana al ritmo de: ¡Naranjas gordas, gordas, Washintonas tan gordas tan gordas como los pechos de...! o cualquier otra estupidez que emerge del megafono de un vendedor ambulante que hace el agosto a costa de la calidad de vida de los que tienen problemas para dormir. Si dicen que una de las virtudes de vivir en un pueblo es la tranquilidad y el silencio: ¡A ver si es verdad!. NO A LA VENTA AMBULANTE A VOCES POR LA CALLE! A ver si hacemos como la inmensa mayoría de pueblos civilizados de alrededor.