Siento cambiar de tema pero voy a hablar de algo que aunque a muchos les suene a guasa a mi me resulta la
mar de importante en tanto en cuanto me saca de quicio. Estoy hasta los ... De que en este
pueblo en los escasos días de descanso de que uno dispone en el regular o buen tiempo, tenga uno que levantarse por la mañana al ritmo de: ¡Naranjas gordas, gordas, Washintonas tan gordas tan gordas como los pechos de...! o cualquier otra estupidez que emerge del megafono de un vendedor ambulante que hace
... (ver texto completo)