BELMONTE: La soledad...

La soledad

Muchas veces he pensado en la vida que llevo mi padre y creo que supo vivir la vida que le toco y vivirla con entereza, por que tuvo salud, aunque murió joven, pero tuvo una vida marcada por la soledad y cuando llegaba a mi casa venia con alegría a ver a su mujer y a sus hijos, después de estar una semana con el ganado en el chozo y en la sierra y acostándose en el suelo encima de una estera y el pellejo y tapado con esas mantas de lana tejida en la PARRILLA ciudad conquense.

Y lo recibíamos con alegría cuando el venia y me acuerdo de que siempre se afeitaba con la maquinita y la cuchilla, pues era muy cerrado de barba y tenia abundante cabellera sin canas hasta los cincuenta años.

Era mi padre un hombre curtido por el frio y su rostro era de una persona venerable. Pues tuvo que acostumbrase a vivir en soledad, porque su oficio así lo requería y tuvo que acostarse en las veredas y con nieve y al lado del rebaño de ovejas que llevaba y siempre fue un hombre responsable de lo que a su cargo llevaba. Era arto limpio y muy apañado hasta tal punto que cuando venia de fiesta siempre se quedaba en casa arreglando sus cosas, nunca lo vi en los bares, pero siempre lo oí decir que le pedía a Dios morir en su cama, esto último lo consiguió porque murió en su cama y rodeado de su familia.

Y es que en la guerra estuvo a punto de que lo fusilaran y muchas noches le oí decir que soñaba con aquella situación.

Fue mayoral y tuvo a su cargo a otros hombres que lo respetaron sin el imponerse pero demostrándoles su valía en la prudencia y sin pagarse por la soberbia, (pues siempre le oí decir que los hombre han ido por donde yo he querido) hoy lo recuerdo con alegría, porque muchas veces lo vi de acostarse y coger el sueño a la primera sin tener que tomar nunca pastilla para el sueño, algunas veces lo vi echarse la siesta en la banca y a verle dicho, padre te molesta que ponga la radio, y el me decía que no le molestaba en esto descubrí que era un espíritu atemperado, porque a la hora de levantarse no tenia que poner despertador su misma naturaleza lo despertaba.

Y es que la naturaleza da también hombres que se avienen con la soledad, pues desde muy jóvenes empezaron a saber convivir con ella, vemos a los cartujos que es una forma de vivir también en soledad y no se desequilibran, y es que un día estando cogiendo el sol, cerca del Monasterio de Pedralbes se acerco una señora o señorita, tampoco le pregunte, sino que llevaba su perro el cual se acerco a mi y ella me dijo tenga cuidado que lo va a manchar, y yo le respondí que los perro no mancha que eran las personas que con su lengua suelen manchar, y la mancha que esta echan son peor que la tizne de la sartén, que cuesta mucho quitarla y siempre queda el releje de la mancha aunque esta desaparezca.

Pues tuvimos una charla muy amena y por lo que vi era una mujer de buena posición económica o eso es lo que a mi me pareció, pero ella dijo entre muchas palabras que la soledad en buena cuando es buscada, pero que la soledad era un sufrimiento cuando nos venia impuesta.

31-01-24