Reflexión
Son las nueve y media de la noche y hoy en watt he oído un discurso con muchas citas de laboratorio y bien preparadas con tiempo y en papel, y es que en la actualidad hay pocos oradores que se atrevan hablar sin la chuleta delante. Como un cantaor que prescinde del micrófono y canta a capela.
Como se cantaba antiguamente en las bodegas o en la taberna y entonces había que esforzarse si se quería hacerlo bien, pues aquí la mentira y la falsedad se descubría junto con la incapacidad.
Hoy la mentira campea a sus anchas y como decía este periodista que ha sido homenajeado, que la mentira siempre será mentira por mucho que la disfracen, pero al final se quedará la verdad, porque todo esta en la caldera y vemos que el fuego saca la herrumbre y sólo queda el metal. Que es la verdad y es el que sirve para fundir.
En mis años de fundidor esto es lo que veía, la tierra que el fuego sacaba a flote y un servidor con una paleta de madera retiraba la tierra para dejar solo el metal que era para sacar las letras que luego utilizarían en la imprenta, aquí en la fundición fueron mis primero pasos cuando llegué a la gran ciudad Condal y aprendí el oficio. Porque tuve un maestro que me lo enseño, y cuando iba al maestro fundidor con alguna pega siempre oía la misma frase “Esto se arregla orinado en la pared”. Y el problema me lo enseñaba a pie de máquina. Todavía lo recuerdo, pues era un hombre entrado en años y yo tenía mis vestidos años.
Me conto una anécdota que la voy a dejar aquí escrita, y fue que el propietario de la fundición era un catedrático de prestigio y un domingo tuvo la idea de bajar al taller y fundir una pastilla del metal que allí se hacía en la fundición con estaño, plomo y antimonio, he hizo una barritas y se las llevó a su despacho y el lunes por la mañana llamo al maestro fundidor y le dijo: “mira el otro día me ofrecieron un metal y quiero que tu le des el visto bueno, el maestro fundidor cogió las barritas del metal preparadas por el catedrático y las fue rompiendo una a una y después de un rato dijo el maestro fundidor, este metal es igual como el que hacemos nosotros en el taller”.
El catedrático vio que el maestro fundidor conocía bien su oficio, porque si hubiera dicho lo contrario lo hubiese cogido en renuncio el catedrático”. O sea que la verdad y la coherencia prevalecen sobre la mentira siempre y la falsedad.
28-11-23
Son las nueve y media de la noche y hoy en watt he oído un discurso con muchas citas de laboratorio y bien preparadas con tiempo y en papel, y es que en la actualidad hay pocos oradores que se atrevan hablar sin la chuleta delante. Como un cantaor que prescinde del micrófono y canta a capela.
Como se cantaba antiguamente en las bodegas o en la taberna y entonces había que esforzarse si se quería hacerlo bien, pues aquí la mentira y la falsedad se descubría junto con la incapacidad.
Hoy la mentira campea a sus anchas y como decía este periodista que ha sido homenajeado, que la mentira siempre será mentira por mucho que la disfracen, pero al final se quedará la verdad, porque todo esta en la caldera y vemos que el fuego saca la herrumbre y sólo queda el metal. Que es la verdad y es el que sirve para fundir.
En mis años de fundidor esto es lo que veía, la tierra que el fuego sacaba a flote y un servidor con una paleta de madera retiraba la tierra para dejar solo el metal que era para sacar las letras que luego utilizarían en la imprenta, aquí en la fundición fueron mis primero pasos cuando llegué a la gran ciudad Condal y aprendí el oficio. Porque tuve un maestro que me lo enseño, y cuando iba al maestro fundidor con alguna pega siempre oía la misma frase “Esto se arregla orinado en la pared”. Y el problema me lo enseñaba a pie de máquina. Todavía lo recuerdo, pues era un hombre entrado en años y yo tenía mis vestidos años.
Me conto una anécdota que la voy a dejar aquí escrita, y fue que el propietario de la fundición era un catedrático de prestigio y un domingo tuvo la idea de bajar al taller y fundir una pastilla del metal que allí se hacía en la fundición con estaño, plomo y antimonio, he hizo una barritas y se las llevó a su despacho y el lunes por la mañana llamo al maestro fundidor y le dijo: “mira el otro día me ofrecieron un metal y quiero que tu le des el visto bueno, el maestro fundidor cogió las barritas del metal preparadas por el catedrático y las fue rompiendo una a una y después de un rato dijo el maestro fundidor, este metal es igual como el que hacemos nosotros en el taller”.
El catedrático vio que el maestro fundidor conocía bien su oficio, porque si hubiera dicho lo contrario lo hubiese cogido en renuncio el catedrático”. O sea que la verdad y la coherencia prevalecen sobre la mentira siempre y la falsedad.
28-11-23