COMENTARIO
La distracción
Iba rezando el rosario por el camino solitario, solo se oía el murmullo del agua del arroyo que unas hojas de árbol las represaba, más el arroyo de agua seguía el trazo adquirido, hecho por los años transcurridos, aquel día estaba soleado y no se veía gente por el camino solo la brisa del aire que silencioso corría, el sol parado en su sitio veía pasar la tierra que orbitaba en su círculo, y viendo que esto me distraía volví al tercer misterio que era por donde estaba.
Tan ensimismado iba que una liebre saltó del tomillo al camino y me lleve un gran susto, creí que era un león, cosa esta fue de la imaginación, pero ya empezaba el cuarto misterio y mi estado de ánimo era sereno, el viento movía las hojas de los árboles que había a la vera del camino, y de ellos salieron varios estorninos de color negro, el almendro estaba en flor dando la bienvenida a la primavera.
Que el campo lo llena de colorido, me acorde en este instante del romancero, pero ya iba por la mitad del quinto misterio, y pensaba de empezar las letanías, que por este tiempo salían de las iglesias algunos sacerdotes para bendecir los campos, esto queda en el recuerdo de las tradiciones, como vamos avanzando a este paso las torres altas se las llevara el viento y no habrá pájaros, pues empezando a rezar las letanías acorde conmigo mismo, y pensé hacerlas cantando en recuerdo de aquellas pasadas tradiciones que también ande los caminos.
A todo me apuntaba porque es cierto que me gustaba, que con ello no se hacía mal a nadie, todo lo contrario, que el verdor de los sembrados se cimbraban con aquel aire solano, este aire tuvo su esplendor en tiempos pasados cuando el labrador lo necesitaba, pero ahora está como olvidado, el tiempo y el sol todo lo pone a merced del olvido, el olvido es un compañero fiel que busca en la memoria lo perdido, ya llegue al final y me di la paz porque era el prójimo que tenía más cercano, y me acordé del romancero cuando se alarga versificando, que primor, que llegaba con sus soflamas hasta vadear el río
La distracción
Iba rezando el rosario por el camino solitario, solo se oía el murmullo del agua del arroyo que unas hojas de árbol las represaba, más el arroyo de agua seguía el trazo adquirido, hecho por los años transcurridos, aquel día estaba soleado y no se veía gente por el camino solo la brisa del aire que silencioso corría, el sol parado en su sitio veía pasar la tierra que orbitaba en su círculo, y viendo que esto me distraía volví al tercer misterio que era por donde estaba.
Tan ensimismado iba que una liebre saltó del tomillo al camino y me lleve un gran susto, creí que era un león, cosa esta fue de la imaginación, pero ya empezaba el cuarto misterio y mi estado de ánimo era sereno, el viento movía las hojas de los árboles que había a la vera del camino, y de ellos salieron varios estorninos de color negro, el almendro estaba en flor dando la bienvenida a la primavera.
Que el campo lo llena de colorido, me acorde en este instante del romancero, pero ya iba por la mitad del quinto misterio, y pensaba de empezar las letanías, que por este tiempo salían de las iglesias algunos sacerdotes para bendecir los campos, esto queda en el recuerdo de las tradiciones, como vamos avanzando a este paso las torres altas se las llevara el viento y no habrá pájaros, pues empezando a rezar las letanías acorde conmigo mismo, y pensé hacerlas cantando en recuerdo de aquellas pasadas tradiciones que también ande los caminos.
A todo me apuntaba porque es cierto que me gustaba, que con ello no se hacía mal a nadie, todo lo contrario, que el verdor de los sembrados se cimbraban con aquel aire solano, este aire tuvo su esplendor en tiempos pasados cuando el labrador lo necesitaba, pero ahora está como olvidado, el tiempo y el sol todo lo pone a merced del olvido, el olvido es un compañero fiel que busca en la memoria lo perdido, ya llegue al final y me di la paz porque era el prójimo que tenía más cercano, y me acordé del romancero cuando se alarga versificando, que primor, que llegaba con sus soflamas hasta vadear el río