Comentario
Se construyó la Colegiata sobre la antigua parroquia visigótica del siglo V.
A instancias del Marqués de Villena Maestre de Santiago, D. Juan Pacheco, hace labrar y edificar de nuevo desde los cimientos casi toda la iglesia de Belmonte.
A instancias suyas el Papa Pío II erige la Parroquia de Belmonte en Colegiata en el año de 1459, para que sea digna de la gloria de Dios y del Bienaventurado san Bartolomé a quien está dedicada, según la Bula del Concilio de Basilea en 1436.
Esto supone que exista un Cabildo, presidido por el Prior, llegando a 32 entre canónigos y prebendados que lo componían.
Así queda la Iglesia parroquial, ya con el título de Colegiata, de planta de tres naves amplías y de severa magnificencia, con cuatro tramos que separan gruesos pilares redondos, soportando arcos apuntados y bóvedas de crucería.
La piedad y devoción de las familias nobles de Belmonte, fue agregando capillas en las naves laterales, dotándolas de altares, rejas, imágenes, pinturas, ornamentos, orfebrería y todo ello avalado por sus correspondientes documentos recogidos en el Archivo parroquial.
Allí se encuentran cartas de donación, censos, testamentos, libros de fábrica, capellanías, bulas y privilegios, contratos, actas capitulares con todo tipo de detalles, escrituras de venta y condiciones de obra de arquitectos, canteros, alarifes, entalladores, rejeros, pintores bordadores, orfebres y organeros.
Todos ellos recogen la maestría de sus autores, los mejores de Castilla, que despliegan sus obras durante cinco siglos.
Se construyó la Colegiata sobre la antigua parroquia visigótica del siglo V.
A instancias del Marqués de Villena Maestre de Santiago, D. Juan Pacheco, hace labrar y edificar de nuevo desde los cimientos casi toda la iglesia de Belmonte.
A instancias suyas el Papa Pío II erige la Parroquia de Belmonte en Colegiata en el año de 1459, para que sea digna de la gloria de Dios y del Bienaventurado san Bartolomé a quien está dedicada, según la Bula del Concilio de Basilea en 1436.
Esto supone que exista un Cabildo, presidido por el Prior, llegando a 32 entre canónigos y prebendados que lo componían.
Así queda la Iglesia parroquial, ya con el título de Colegiata, de planta de tres naves amplías y de severa magnificencia, con cuatro tramos que separan gruesos pilares redondos, soportando arcos apuntados y bóvedas de crucería.
La piedad y devoción de las familias nobles de Belmonte, fue agregando capillas en las naves laterales, dotándolas de altares, rejas, imágenes, pinturas, ornamentos, orfebrería y todo ello avalado por sus correspondientes documentos recogidos en el Archivo parroquial.
Allí se encuentran cartas de donación, censos, testamentos, libros de fábrica, capellanías, bulas y privilegios, contratos, actas capitulares con todo tipo de detalles, escrituras de venta y condiciones de obra de arquitectos, canteros, alarifes, entalladores, rejeros, pintores bordadores, orfebres y organeros.
Todos ellos recogen la maestría de sus autores, los mejores de Castilla, que despliegan sus obras durante cinco siglos.