Deseo
La fuente de los deseos esta en el corazón, “dicen la Sagradas Escrituras, allí donde está tu corazón está tu tesoro” y es que el deseo nos empuja a querer ir hacia nuestros deseos que cada cual lleva en sus inclinaciones, y estas son diversas cada individuo tiene las suyas.
Los deseos son tan antiguos como nuestra concepción, o sea que nacen en el claustro materno de nuestra madre y duran mientras se desarrolla nuestra vida, unos deseos se cumplen y otros no pero no dejamos de luchar por todos.
Cuando estamos en el claustro materno cada día crecemos con el deseo de salir y poder ser un individuo con todas nuestras preocupaciones anhelos y deseos, y lloramos para conseguir nuestros deseos cuando todavía no somos capaces de expresar con palabras lo que de verdad queremos, aunque el instinto de nuestras madres sabe darnos lo que deseamos.
En la medida que vamos creciendo se va desarrollando nuestra autonomía y somos capaces de ir tras lo que deseamos para cogerlo, y rechazar lo que no deseamos aunque esto sea bueno para nuestro desarrollo como personas, en la medida que vamos teniendo conciencia de las cosas somos capaces de sacrificarnos para alcanzar lo que deseamos.
La fuente del deseo tiene muchos caños y estos en la medida que se van alejando de la fuente principal ellos mismos son creadores de otras fuentes con otros sabores, el deseo es inconformista e insaciable todo lo quiere probar, al igual que el excursionista que por cada fuente que pasa quiere probar el agua de la fuente que se va encontrado por el camino.
Los deseos son muchos y pueden llegar hasta embotar nuestros gustos y no poder diferenciar el sabor de agua dulce de la salobre y caer en la trampa del deseo, esto al principio no se nota porque todo parece fresco, cuando uno cae en la cuenta es cuando el agua se calienta y uno encuentra la diferencia.
Todos en nuestra juventud tenemos esa gran suerte de poder elegir, aquí está la gran diferencia que un error al principio se puede corregir pero cuando el agua se vuelve insalubre hay que tirar hasta el envase que es la cantimplora.
La fuente de los deseos esta en el corazón, “dicen la Sagradas Escrituras, allí donde está tu corazón está tu tesoro” y es que el deseo nos empuja a querer ir hacia nuestros deseos que cada cual lleva en sus inclinaciones, y estas son diversas cada individuo tiene las suyas.
Los deseos son tan antiguos como nuestra concepción, o sea que nacen en el claustro materno de nuestra madre y duran mientras se desarrolla nuestra vida, unos deseos se cumplen y otros no pero no dejamos de luchar por todos.
Cuando estamos en el claustro materno cada día crecemos con el deseo de salir y poder ser un individuo con todas nuestras preocupaciones anhelos y deseos, y lloramos para conseguir nuestros deseos cuando todavía no somos capaces de expresar con palabras lo que de verdad queremos, aunque el instinto de nuestras madres sabe darnos lo que deseamos.
En la medida que vamos creciendo se va desarrollando nuestra autonomía y somos capaces de ir tras lo que deseamos para cogerlo, y rechazar lo que no deseamos aunque esto sea bueno para nuestro desarrollo como personas, en la medida que vamos teniendo conciencia de las cosas somos capaces de sacrificarnos para alcanzar lo que deseamos.
La fuente del deseo tiene muchos caños y estos en la medida que se van alejando de la fuente principal ellos mismos son creadores de otras fuentes con otros sabores, el deseo es inconformista e insaciable todo lo quiere probar, al igual que el excursionista que por cada fuente que pasa quiere probar el agua de la fuente que se va encontrado por el camino.
Los deseos son muchos y pueden llegar hasta embotar nuestros gustos y no poder diferenciar el sabor de agua dulce de la salobre y caer en la trampa del deseo, esto al principio no se nota porque todo parece fresco, cuando uno cae en la cuenta es cuando el agua se calienta y uno encuentra la diferencia.
Todos en nuestra juventud tenemos esa gran suerte de poder elegir, aquí está la gran diferencia que un error al principio se puede corregir pero cuando el agua se vuelve insalubre hay que tirar hasta el envase que es la cantimplora.