CATEDRAL
(ANTIGUA MEZQUITA)
DE CÓRDOBA
LOS ORÍGENES
Bajo toda catedral siempre hay un lecho de catedrales ocultas. En el caso de Córdoba la tradición ya apuntaba los orígenes visigodos de la construcción. Este dato lo han confirmado las excavaciones arqueológicas, cuyos restos contemplamos en el Museo de San Vicente y en la cata donde se observan «in situ» restos de mosaicos del antiguo templo cristiano.
Es un hecho histórico que la Basílica de San Vicente fue expropiada y destruida para edificar sobre ella la posterior Mezquita, cuestionando el tópico de la tolerancia que supuestamente se cultivaba en la Córdoba del momento. Se trataba de la iglesia principal de la ciudad, una Basílica martirial del siglo VI que siguió siendo recordada y venerada por los cristianos siglos después de su destrucción.
LA INTERVENCIÓN ISLÁMICA
Tras la irrupción islámica en Córdoba, los dominadores musulmanes proceden al derribo de la Basílica de San Vicente y comienzan en el año 785 la construcción de la Mezquita, un edificio que llegará a considerarse el santuario más importante de todo el Islam Occidental, en una época en la que Córdoba era capital de Al-Andalus, (territorio que se extendía hasta el río Duero). Este impresionante recinto, que no solo poseía finalidad religiosa, sino social, cultural y política, atravesó cuatro fases constructivas:
ABDERRAMÁN I: Se inspira en la Mezquita de Damasco, con la tradicional distribución en sahn (patio de abluciones) y zullah (sala de oración). Pero se percibe una fuerte influencia del arte hispanorromano, no solo porque se aprovechan los materiales de la derruida San Vicente, sino también porque el sentido de las naves se traza en dirección (y no en paralelo) al muro de la quibla, como sucedía en las iglesias visigodas. Por otra parte, los arcos superpuestos y la alternancia de ladrillo y piedra (rojo y beige) en el despiece de los arcos tuvieron su modelo en el palacio episcopal cuyos restos se hallan en el yacimiento arqueológico de Cercadilla
ABDERRAMÁN II: Durante esta próspera etapa del Emirato Independiente (aunque también de intensas persecuciones al pueblo cristiano), se realizó la primera ampliación de la Mezquita, repitiendo el esquema de su antecesor y prolongando el patio y las naves del oratorio. En este patio construirá el califa omeya Abderramán III el alminar que se encuentra embutido en la actual torre de la Catedral.
ALHAKÉN II: En pleno esplendor del Califato, la Mezquita Aljama recibirá una ampliación tan rica y original que Córdoba sustituirá a Damasco como modelo de referencia. Se trata de una obra única, no solo por los materiales trabajados «ex profeso» (no aprovechados), sino sobre todo por la presencia de artistas bizantinos enviados por el emperador cristiano Nicéforo Focas, quien también regaló los bellísimos mosaicos que se utilizaron en la construcción del mihrab (espacio sagrado junto al cual el imán dirige la oración). Hay otra aportación cristiana: la disposición en cruz que forman el conjunto de los cuatro lucernarios con el mihrab, asumiendo la planta de cruz latina y reafirmando la influencia de la estructura basilical en el plan original del edificio.
ALMANZOR: Realiza la última ampliación, añadiendo ocho naves a lo largo del lado este del edificio, incluido el patio. Esta obra es la más extensa de todas, en un afán de ostentación del poder. Sin embargo, resulta poco original, ya que se limita a copiar la estructura precedente, abaratando los costes. Por ejemplo, el efecto bicolor de los arcos nos e debe a la alternancia de piedra y ladrillo, sino que está pintado.
(ANTIGUA MEZQUITA)
DE CÓRDOBA
LOS ORÍGENES
Bajo toda catedral siempre hay un lecho de catedrales ocultas. En el caso de Córdoba la tradición ya apuntaba los orígenes visigodos de la construcción. Este dato lo han confirmado las excavaciones arqueológicas, cuyos restos contemplamos en el Museo de San Vicente y en la cata donde se observan «in situ» restos de mosaicos del antiguo templo cristiano.
Es un hecho histórico que la Basílica de San Vicente fue expropiada y destruida para edificar sobre ella la posterior Mezquita, cuestionando el tópico de la tolerancia que supuestamente se cultivaba en la Córdoba del momento. Se trataba de la iglesia principal de la ciudad, una Basílica martirial del siglo VI que siguió siendo recordada y venerada por los cristianos siglos después de su destrucción.
LA INTERVENCIÓN ISLÁMICA
Tras la irrupción islámica en Córdoba, los dominadores musulmanes proceden al derribo de la Basílica de San Vicente y comienzan en el año 785 la construcción de la Mezquita, un edificio que llegará a considerarse el santuario más importante de todo el Islam Occidental, en una época en la que Córdoba era capital de Al-Andalus, (territorio que se extendía hasta el río Duero). Este impresionante recinto, que no solo poseía finalidad religiosa, sino social, cultural y política, atravesó cuatro fases constructivas:
ABDERRAMÁN I: Se inspira en la Mezquita de Damasco, con la tradicional distribución en sahn (patio de abluciones) y zullah (sala de oración). Pero se percibe una fuerte influencia del arte hispanorromano, no solo porque se aprovechan los materiales de la derruida San Vicente, sino también porque el sentido de las naves se traza en dirección (y no en paralelo) al muro de la quibla, como sucedía en las iglesias visigodas. Por otra parte, los arcos superpuestos y la alternancia de ladrillo y piedra (rojo y beige) en el despiece de los arcos tuvieron su modelo en el palacio episcopal cuyos restos se hallan en el yacimiento arqueológico de Cercadilla
ABDERRAMÁN II: Durante esta próspera etapa del Emirato Independiente (aunque también de intensas persecuciones al pueblo cristiano), se realizó la primera ampliación de la Mezquita, repitiendo el esquema de su antecesor y prolongando el patio y las naves del oratorio. En este patio construirá el califa omeya Abderramán III el alminar que se encuentra embutido en la actual torre de la Catedral.
ALHAKÉN II: En pleno esplendor del Califato, la Mezquita Aljama recibirá una ampliación tan rica y original que Córdoba sustituirá a Damasco como modelo de referencia. Se trata de una obra única, no solo por los materiales trabajados «ex profeso» (no aprovechados), sino sobre todo por la presencia de artistas bizantinos enviados por el emperador cristiano Nicéforo Focas, quien también regaló los bellísimos mosaicos que se utilizaron en la construcción del mihrab (espacio sagrado junto al cual el imán dirige la oración). Hay otra aportación cristiana: la disposición en cruz que forman el conjunto de los cuatro lucernarios con el mihrab, asumiendo la planta de cruz latina y reafirmando la influencia de la estructura basilical en el plan original del edificio.
ALMANZOR: Realiza la última ampliación, añadiendo ocho naves a lo largo del lado este del edificio, incluido el patio. Esta obra es la más extensa de todas, en un afán de ostentación del poder. Sin embargo, resulta poco original, ya que se limita a copiar la estructura precedente, abaratando los costes. Por ejemplo, el efecto bicolor de los arcos nos e debe a la alternancia de piedra y ladrillo, sino que está pintado.