He dicho el extremo de nada a que vienen las muelles y regaladas mujeres, y no digo la muchedumbre de vicios que desto mismo en ellas nacen, ni oso meter la mano en este cieno, porque no hay agua encharcada y corrompida que críe tantas y tan malas sabandijas, como nacen vicios asquerosos y feos en los pechos destas damas delicadas de que vamos hablando. Y en una dellas, que pinta en los Proverbios (cap. V) el Espíritu Sancto, se vee algo desto; de la cual dice así: