Porque quien considera lo que deben ser y lo que ellas mismas se hacen, y quien mira la alteza de su naturaleza, y la bajeza en que ellas se ponen por su mala costumbre, y coteja con lo uno lo otro, poco dice en llamarla así; y, si las llamase cieno, que corrompe el aire y le inficiona35, y abominación aborrecible, aún se podía tener por muy corto.