Manifiestamente se muestra que este brazo y fortaleza de Dios, que es Jesucristo, no es fortaleza militar ni coraje de soldado; y que los hechos hazañosos de un Cordero tan humilde y tan manso, como es el que en este lugar Isaías pinta, no son hechos de esta guerra que vemos, adonde la soberbia se enseñorea, y la crueldad se despierta, y el bullicio y la cólera y la rabia y el furor menean las manos. No tendrá, dice, cólera para hacer mal ni a una caña quebrada. ¡Y antójasele al error vano de estos mezquinos, que tiene de trastornar el mundo con guerras!