Y así, ni hace alarde de estos bienes Dios, ni se precia del repartimiento de ellos, y las más veces los envía a quien no los merece, por los fines que Él se sabe; y a los que tiene por desechados de sí, y que son delante de sus ojos como viles cautivos y esclavos, a ésos les da este breve consuelo; y al revés, con sus escogidos y con los que como a hijos ama, en éstos comúnmente es escaso, porque sabe nuestra flaqueza y la facilidad con que nuestro corazón se derrama en el amor de estas prendas exteriores teniéndolas; y sabe que, casi siempre, o cortan o enflaquecen los nervios de la virtud verdadera.