Vosotros os tenéis por satisfechos con un sucesor de David, que os reduzca a vuestra primera tierra y os mantenga en justicia, y defienda y ampare de vuestros contrarios; mas Dios, que es sin comparación muy más liberal y más largo, os prometía, no hijo de David sólo, sino Hijo suyo y de David Hijo también, que, enriquecido de todo el bien que Dios tiene, os sacase el poder del demonio y de las manos de la muerte sin fin, y que os sujetase debajo de vuestros pies todo lo que de veras os daña, y os llevase santos, inmortales, gloriosos a la tierra de vida y de paz, que nunca fallece. Estos son bienes dignos de Dios; y semejantes dádivas, y no otras, hinchen el encarecimiento y muchedumbre de aquellas promesas.