BELMONTE: SALMO XLIV...

SALMO XLIV

Un rico y soberano pensamiento
me bulle dentro el pecho;
a Ti, divino Rey, mi entendimiento
dedico, y cuanto he hecho
a Ti yo lo enderezo; y celebrando
mi lengua tu grandeza,
irá, como escribano, volteando
la pluma con presteza.
Traspasas en beldad a los nacidos,
en gracia estás bañado;
que Dios en Ti, a sus bienes escogidos,
eterno asiento ha dado.
¡Sus! Ciñe ya tu espada, poderoso,
tu prez y hermosura;
tu prez, y sobre carro glorioso
con próspera ventura.
Ceñido de verdad y de clemencia
y de bien soberano,
con hechos hazañosos su potencia
dirá tu diestra mano.
Los pechos enemigos tus saetas
traspasen herboladas,
y besen tus pisadas las sujetas
naciones derrocadas;
y durará, Señor, tu trono erguido
por más de mil edades,
y de tu reino el cetro esclarecido,
cercado de igualdades.
Prosigues con amor lo justo y bueno,
lo malo es tu enemigo;
y así te colmó ¡oh Dios! tu Dios el seno
más que a ningún tu amigo;
las ropas de tu fiesta, producidas
de los ricos marfiles,
despiden en Ti puestas, descogidas,
olores mil gentiles.
Son ámbar, son mirra, y preciosa
algalia sus olores;
rodéate de infantas copia hermosa,
ardiendo en tus amores,
y la querida Reina está a tu lado,
vestida de oro fino.