BELMONTE: Pues ¡oh tú! ilustre hija, pon cuidado, ...

Pues ¡oh tú! ilustre hija, pon cuidado,
atiende de contino;
atiende, y mira, y oye lo que digo:
si amas tu grandeza,
olvidarás de hoy más tu pueblo amigo
y tu naturaleza;
que el Rey por ti se abrasa, y tú le adora,
que Él sólo es señor tuyo,
y tú también por Él serás señora
de todo el gran bien suyo.
El Tiro y los más ricos mercaderes,
delante ti humillados,
te ofrecen, desplegando sus haberes,
los dones más preciados;
y anidará en ti toda la hermosura,
y vestirás tesoro,
y al Rey serás llevada en vestidura
y en recamados de oro.
Y juntamente al Rey serán llevadas
contigo otras doncellas;
irán siguiendo todas tus pisadas,
y tú delante de ellas;
y con divina fiesta y regocijos
te llevarán al lecho,
do, en vez de tus abuelos, tendrás hijos
de claro y alto hecho,
a quien del mundo todo repartido
darás el cetro y mando.
Mi canto, por los siglos extendido,
tu nombre irá ensalzando;
celebrarán tu gloria eternamente
toda nación y gente.

Y dicho esto, y ya muy de noche, los tres se volvieron a su lugar.