Y a la verdad, Juliano, de las señales que podemos tener de la grandeza de estos deleites los que deseamos conocerlos y no merecemos tener su experiencia, una de las más señaladas y ciertas es el ver los efectos y las obras maravillosas, y fuera de todo orden común, que hacen en aquellos que experimentan su gusto. Porque, si no fuera dulcísimo incomparablemente el deleite que halla el bueno con Dios, ¿cómo hubiera sido posible o a los mártires padecer los tormentos que padecieron, o a los ermitaños durar en los yermos por tan luengos años en la vida que todos sabemos?