Tomad el joven de rasgos más bellos que podáis imaginar; contempladle en un momento de pesimismo, de tristeza, de falta de ilusión, es decir, en un momento en que el amor de algo no haga vibrar su corazón: y ese joven no será entonces bello. Sus rasgos ya no serian la imagen de la hermosura, sino una caricatura de ella”