Tan arraigada estaba en Agustín esta pedagogía, que ya en el primer sermón que conocemos como suyo, pronunciado el día 15 de marzo, sábado del año 391, en que fue ordenado sacerdote, exhortaba a los catecúmenos:
“Honrad, amad, predicad a la santa Iglesia, vuestra madre, como a la santa ciudad de Dios, Jerusalén celestial. Ella es la que todos este mundo crece y fructifica en esta fe, siendo la Iglesia del Dios vivo, la columna y firmamento de la verdad” (1 Tim 3,15)”
“Honrad, amad, predicad a la santa Iglesia, vuestra madre, como a la santa ciudad de Dios, Jerusalén celestial. Ella es la que todos este mundo crece y fructifica en esta fe, siendo la Iglesia del Dios vivo, la columna y firmamento de la verdad” (1 Tim 3,15)”