La listas que se presentan en los más de 8.000 municipios están fabricadas, pasteleadas y elaboradas entre amigos y en capillas. Son el resultado de luchas fratricidas entre los que se dicen correligionarios. Son la negación misma de la democracia, pues unos cuantos metidos en una habitación deciden quiénes han de ser los que vayan en la candidatura. ¿Alguien me puede decir dónde está el pueblo para decidir quiénes han de ser sus candidatos? Y ahí los tenemos, en sus ridículas y esperpénticas fotos, ... (ver texto completo)