Y los contempla la Luna. Y las estrellas le arroparán de besos brillantes en las noches frías.
Y regresan. Y regresan de escarbar en los contenedores, malolientes, para satisfacer el grito de sus estómagos.
Y muy cerca los barrigudos, pasean su indiferencia. Hasta los perros que se cruzan, de regreso a la chabola, pronuncian ladridos de tristeza.
El hombre de nuestra historia, viene de muy lejos: de esa lejanía de la mina, o del surco profundo. hoy habita la ciudad que un día le acogió con indiferencia. Han pasado muchos años... no quiere recordar y sin embargo, le llora la infancia y se abraza al llanto que callaban a su alrededor.
Un niño pobremente vestido, al que ya conociera un día, es solo un punto oscuro en la llanura de nieve. Va dibujando huellas acusadoras, que borrará la propia nieve, con el viento que la arrastra en ráfagas intermitentes. El hombre desde la ventana, le ve todos los días, desde aquel otro día... pero esto es una historia a contar en otra ocasión.
Desciende las escaleras, y va al encuentro del niño, porque este le recuerda una historia parecida a la suya. Va al encuentro de recuerdos, porque él también fue niño...
¿No tendrá una barra de pan duro... señor- decía el niño al panadero, en el instante en que nuestro hombre entraba en la panadería, y lanzaba al dueño una sonrisa de complicidad.
El panadero se pierde tras una puerta que gime, como queriendo romper aquel pesado silencio.
-Toma -dice- El niño le interrumpe, con u:
-! Gracias señor! Es que verá, a mi abuela no le importa de que sea duro... lo moja en agua, y... se pone muy contenta.
Y se dispone a salir, cuando ve a nuestro hombre, que le sonríe a la vez que le dice:
-Espera,,, espera un poco. Y dirigiéndose al panadero le dice:! Anda, pon unas rosquillas, de esas tan tiernas, que yo suelo llevar... para la abuelita.
Ya en la puerta, el niño dijo a nuestro hombre.
- ¿Sabe? No tengo ya abuela, esta murió de frío y tal vez por que no comía los suficiente... a usted no quiero engañarle...
Buen, Bueno, no importa: sera un secreto entre nosotros. por que si no recuerdo mal, ami me dijiste lo mismo, que al panadero...
-Entonces era verdad; la abuela aún vivía.
-No importa, ahora veta, antas de que se te haga mas penoso el camino.
De regreso a la ventana, nuestro hombre, vio perderse en la llanura de nieve, tras los monstruos de cemento, una figura que se perdió en la llanura blanca.
Como el año anterior, cuando le ofreciera una barra de pan a este mismo, niño, se dispuso a comer... se había olvidado, su barra en el mostrador.
Aquel día, comió con pan del día anterior.
Una triste sonrisa floreció en aquel hombre solo... sonrisa que se hizo mas grande, pensando en que aquel niño en ese momento sería feliz.
LIBERTAD.
Y regresan. Y regresan de escarbar en los contenedores, malolientes, para satisfacer el grito de sus estómagos.
Y muy cerca los barrigudos, pasean su indiferencia. Hasta los perros que se cruzan, de regreso a la chabola, pronuncian ladridos de tristeza.
El hombre de nuestra historia, viene de muy lejos: de esa lejanía de la mina, o del surco profundo. hoy habita la ciudad que un día le acogió con indiferencia. Han pasado muchos años... no quiere recordar y sin embargo, le llora la infancia y se abraza al llanto que callaban a su alrededor.
Un niño pobremente vestido, al que ya conociera un día, es solo un punto oscuro en la llanura de nieve. Va dibujando huellas acusadoras, que borrará la propia nieve, con el viento que la arrastra en ráfagas intermitentes. El hombre desde la ventana, le ve todos los días, desde aquel otro día... pero esto es una historia a contar en otra ocasión.
Desciende las escaleras, y va al encuentro del niño, porque este le recuerda una historia parecida a la suya. Va al encuentro de recuerdos, porque él también fue niño...
¿No tendrá una barra de pan duro... señor- decía el niño al panadero, en el instante en que nuestro hombre entraba en la panadería, y lanzaba al dueño una sonrisa de complicidad.
El panadero se pierde tras una puerta que gime, como queriendo romper aquel pesado silencio.
-Toma -dice- El niño le interrumpe, con u:
-! Gracias señor! Es que verá, a mi abuela no le importa de que sea duro... lo moja en agua, y... se pone muy contenta.
Y se dispone a salir, cuando ve a nuestro hombre, que le sonríe a la vez que le dice:
-Espera,,, espera un poco. Y dirigiéndose al panadero le dice:! Anda, pon unas rosquillas, de esas tan tiernas, que yo suelo llevar... para la abuelita.
Ya en la puerta, el niño dijo a nuestro hombre.
- ¿Sabe? No tengo ya abuela, esta murió de frío y tal vez por que no comía los suficiente... a usted no quiero engañarle...
Buen, Bueno, no importa: sera un secreto entre nosotros. por que si no recuerdo mal, ami me dijiste lo mismo, que al panadero...
-Entonces era verdad; la abuela aún vivía.
-No importa, ahora veta, antas de que se te haga mas penoso el camino.
De regreso a la ventana, nuestro hombre, vio perderse en la llanura de nieve, tras los monstruos de cemento, una figura que se perdió en la llanura blanca.
Como el año anterior, cuando le ofreciera una barra de pan a este mismo, niño, se dispuso a comer... se había olvidado, su barra en el mostrador.
Aquel día, comió con pan del día anterior.
Una triste sonrisa floreció en aquel hombre solo... sonrisa que se hizo mas grande, pensando en que aquel niño en ese momento sería feliz.
LIBERTAD.