Soy un porzuniego de 62 años, que dejé mi
pueblo hace muchos años, y al que solamente he vuelto en contadas ocasiones a visitar a mis padres y demás
familia.
Tengo, logicamente, vivencias inolvidables acaecidas en este pueblo, donde transcurrio mi
juventud. Pero, no obstante, sigo percibiendo en sus gentes una cierta aversión hacia los que llegamos de fuera.
Sigo recordando con cariño
amigos y
amigas de mi juventud, con los que estudie el bachillerato y magisterio en los años 50 y 60.
A todos
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