La sentencia absolutoria del caso de las ayudas europeas al lino nos ha traído a la memoria al peor Bono. Al político marrullero que campaña tras campaña electoral sacaba la navaja de la faja contra Agustín Conde, la condición de arrancacepas contra José Manuel Molina o el apelativo de "yerno del señorito" contra Adolfo Suárez Illana.
Uno, desde que perdió en su juventud la afición a afiliarse a algún club que tuviera el mal gusto de admitirle como socio, sólo pertenece en la actualidad, como miembro fundador, a la de "Degustadores del cochinillo segurillano". Pero tenía, en los últimos tiempos, la tentación de pedir el alta en el "Club de Fans de Pepe Bono" que desde este papel, o lo que sea, promueve su director a golpe de artículo. Y es que, desde que Don José atravesó la línea del Tajo le salió el estadista español que llevaba dentro y de tres años a esta parte se ha dedicado a impartir doctrina constitucional patriótica cual padre putativo de la "Pepa" del setentaiocho.
Ese Pepe Bono que desde el Ministerio de Defensa se atrevía a dar lecciones de lealtad constitucional y que ahora recorre España dando conferencias, en las que no se habla de otra cosa que de España, nos había hecho olvidar a aquel Bono que, según diagnóstico realizado en su día por el hoy portavoz parlamentario del PSOE en las Cortes de Castilla-La Mancha, "era el cáncer de la región".
Pero en estos días, el pasado, como el espectro del padre en Hamlet, aparece con olor a lino y a sumario chapucero instruido por Garzón en un amanecer en los Quintos de Mora.
Al menos tres campañas electorales se cerraron en Castilla-La Mancha con tres golpes de efecto con el regusto demagógico de lo que se entiende por "la peor política". Molina, Conde y Suárez Illana tuvieron la oportunidad de probar con el sabor de la derrota el regusto amargo de la mala uva que se gasta el de Salobre, que repetía el número de la navaja o el de los aprovechados del lino como los viejos cómicos que recitan el Tenorio entre dientes postizos.
Ese Bono, convertido hoy en hombre de Estado por comparación con quien nos gobierna, es el que ha aparecido en estos días tras la absolución de 18 encausados y la imposible satisfacción personal de Loyola de Palacio y Carlos Moro que tuvieron que sufrirlo. Al menos Conde y Molina tienen la suerte de tentarse la ropa cada mañana, aunque no olviden echar una navaja al bolsillo en tiempo de campaña electoral.
Si el Bono que hará campaña a favor de Barreda es el del lino, la navaja y la cepa, apaga y vámonos.
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Uno, desde que perdió en su juventud la afición a afiliarse a algún club que tuviera el mal gusto de admitirle como socio, sólo pertenece en la actualidad, como miembro fundador, a la de "Degustadores del cochinillo segurillano". Pero tenía, en los últimos tiempos, la tentación de pedir el alta en el "Club de Fans de Pepe Bono" que desde este papel, o lo que sea, promueve su director a golpe de artículo. Y es que, desde que Don José atravesó la línea del Tajo le salió el estadista español que llevaba dentro y de tres años a esta parte se ha dedicado a impartir doctrina constitucional patriótica cual padre putativo de la "Pepa" del setentaiocho.
Ese Pepe Bono que desde el Ministerio de Defensa se atrevía a dar lecciones de lealtad constitucional y que ahora recorre España dando conferencias, en las que no se habla de otra cosa que de España, nos había hecho olvidar a aquel Bono que, según diagnóstico realizado en su día por el hoy portavoz parlamentario del PSOE en las Cortes de Castilla-La Mancha, "era el cáncer de la región".
Pero en estos días, el pasado, como el espectro del padre en Hamlet, aparece con olor a lino y a sumario chapucero instruido por Garzón en un amanecer en los Quintos de Mora.
Al menos tres campañas electorales se cerraron en Castilla-La Mancha con tres golpes de efecto con el regusto demagógico de lo que se entiende por "la peor política". Molina, Conde y Suárez Illana tuvieron la oportunidad de probar con el sabor de la derrota el regusto amargo de la mala uva que se gasta el de Salobre, que repetía el número de la navaja o el de los aprovechados del lino como los viejos cómicos que recitan el Tenorio entre dientes postizos.
Ese Bono, convertido hoy en hombre de Estado por comparación con quien nos gobierna, es el que ha aparecido en estos días tras la absolución de 18 encausados y la imposible satisfacción personal de Loyola de Palacio y Carlos Moro que tuvieron que sufrirlo. Al menos Conde y Molina tienen la suerte de tentarse la ropa cada mañana, aunque no olviden echar una navaja al bolsillo en tiempo de campaña electoral.
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