Lo peor del PSOE de Castilla-La Mancha es que su prolongadísimo acomodo en el poder ha enquistado en su seno la soberbia y la sensación de impunidad, manchadas, además, por una tendencia remarcada a la metástasis del sectarismo y una voluntad espartana de imbatibilidad. El socialismo castellano-manchego, ebrio de poder, se ve redondo y paternalista, acaparador, camino de la perfección: hace tiempo que los socialistas confunden a la región consigo mismos y no ven clara la línea divisoria entre el partido y la sociedad, y viceversa. Todo revuelto con todo.
Este perfil del PSOE regional es un invento completo de Bono, que siempre gobernó Castilla-La Mancha con mano de hierro y guante de seda, y construyó un sistema invisible pero real del ejercicio contundente del poder y la Administración pública. Dejó muchas "víctimas" políticas por el camino y sus enemigos lo saben muy bien. La voluntad de perpetuación es una tentación eterna de los poderosos, y ésta se parece mucho a la que mantienen los socialistas en Andalucía y Extremadura o los nacionalismos en Cataluña y el País Vasco. Bono hizo aquí lo mismo, como saben bien, por ejemplo, los acusados del lino, ahora absueltos, aunque en la política nacional su tarjeta de presentación fue otra cara muy distinta. Hay un punto totalitario y rapaz en el sistema, y quien lucha contra eso se enfrenta a una fuerza poderosa que no contempla la derrota. Don Quijote contra los molinos de viento.
Es verdad que Barreda representa otra cosa hoy en Castilla-La Mancha. El actual presidente de la Junta, aunque sucesor de Bono, ha asumido la moderación como estilo: Barreda representa lo más centrado y sensato del PSOE regional, muy lejos también de las políticas rancias y turbulentas que aplica Zapatero en España. El presidente castellano-manchego ha asumido, tal vez, lo mejor de Bono, que lo tiene, y lo ha sumado a lo mejor de sí mismo para gobernar Castilla-La Mancha desde el centro político y la tranquilidad. Entendimiento, diálogo y todo eso. El resultado es un perfil político que es bien valorado por muchos ciudadanos, al margen de lo que pase en las elecciones del 27 de mayo.
Sin embargo, Barreda lleva detrás un sistema de fuerzas creado durante 24 largos años. Y se aprovecha de él. Lo utiliza. No es ajeno a su gobernación. El presidente enseña su mejor cara, pero cuando uno siente la ferocidad de portavoces socialistas como José Molina, José Manuel Caballero o Matilde Valentín, o se da un garbeo catódico por los dominios de García-Candau, cuyo sueldo pagamos entre todos, se comprende fácilmente que Cospedal, la candidata del PP, no se enfrenta sólo a Barreda el 27-M, sino que lucha contra una forma de poder sin voluntad de desalojo y con vocación absoluta de infinito.
La de Cospedal, no hay duda, es una batalla desigual. Lucha contra los molinos de viento. Así es.
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Este perfil del PSOE regional es un invento completo de Bono, que siempre gobernó Castilla-La Mancha con mano de hierro y guante de seda, y construyó un sistema invisible pero real del ejercicio contundente del poder y la Administración pública. Dejó muchas "víctimas" políticas por el camino y sus enemigos lo saben muy bien. La voluntad de perpetuación es una tentación eterna de los poderosos, y ésta se parece mucho a la que mantienen los socialistas en Andalucía y Extremadura o los nacionalismos en Cataluña y el País Vasco. Bono hizo aquí lo mismo, como saben bien, por ejemplo, los acusados del lino, ahora absueltos, aunque en la política nacional su tarjeta de presentación fue otra cara muy distinta. Hay un punto totalitario y rapaz en el sistema, y quien lucha contra eso se enfrenta a una fuerza poderosa que no contempla la derrota. Don Quijote contra los molinos de viento.
Es verdad que Barreda representa otra cosa hoy en Castilla-La Mancha. El actual presidente de la Junta, aunque sucesor de Bono, ha asumido la moderación como estilo: Barreda representa lo más centrado y sensato del PSOE regional, muy lejos también de las políticas rancias y turbulentas que aplica Zapatero en España. El presidente castellano-manchego ha asumido, tal vez, lo mejor de Bono, que lo tiene, y lo ha sumado a lo mejor de sí mismo para gobernar Castilla-La Mancha desde el centro político y la tranquilidad. Entendimiento, diálogo y todo eso. El resultado es un perfil político que es bien valorado por muchos ciudadanos, al margen de lo que pase en las elecciones del 27 de mayo.
Sin embargo, Barreda lleva detrás un sistema de fuerzas creado durante 24 largos años. Y se aprovecha de él. Lo utiliza. No es ajeno a su gobernación. El presidente enseña su mejor cara, pero cuando uno siente la ferocidad de portavoces socialistas como José Molina, José Manuel Caballero o Matilde Valentín, o se da un garbeo catódico por los dominios de García-Candau, cuyo sueldo pagamos entre todos, se comprende fácilmente que Cospedal, la candidata del PP, no se enfrenta sólo a Barreda el 27-M, sino que lucha contra una forma de poder sin voluntad de desalojo y con vocación absoluta de infinito.
La de Cospedal, no hay duda, es una batalla desigual. Lucha contra los molinos de viento. Así es.
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