PEDRO MUÑOZ: Bono es así. Necesitaba un crucero de lujo para empezar...

Bono es así. Necesitaba un crucero de lujo para empezar bien la campaña electoral hablando de socialismo a los castellano-manchegos. Es lo suyo: llegarse a los mítines de los pueblos solanos con un gran bronceado caribeño. No se esperaba menos: al ex ministro le gusta opinar con conocimiento de causa, como en el lino, y nada mejor que el Queen Mary del brazo de Porcelonosa y junto a un grupo de superprivilegiados para hablar a ciencia cierta de los principios progresistas que ilustran su vademécum ideológico y su forma de vida, seguramente tan austera y socialista. Es una cuestión de contraste. Bono, ya se sabe, es un hombre de valores.

Visto y oído en estos días, apurada ya la travesía trasatlántica, Bono ha llegado con fuerzas renovadas y se está lanzando al ruedo regional para apoyar a Barreda y a los suyos, y pensando ya probablemente en su propia candidatura para las generales, con la que volverá al Parlamento en la próxima legislatura. Tan fuerte ha llegado el ex presidente de la Junta, saturado de sutiles ocurrencias y a lo campeón con Zapatero, signo de la victoria en mano, que incluso ha tenido la osadía, fíjese el lector, de medio-insultar a la candidata del PP, María Dolores de Cospedal, a la que ha dedicado un par de gracietas más o menos ofensivas. Hay que reconocer que se ha mojado, aunque de momento, que se sepa, Bono no ha informado en ninguna plaza mayor de la región de sus coqueteos de alta cuna con los "descamisados" del Queen Mary. El glamour es lo que tiene.

Bono pasa así del crucero de superlujo al patio castellano-manchego sin solución de continuidad y recuperando su imagen más populista y desechable: no la del hombre de Estado que mostró cuando fue ministro de Defensa, y con la que no ha dejado de dar conferencias por toda España, esa cara que algunos hemos aplaudido, sino la del líder a la venezolana que siempre ha llevado dentro y que tantas alegrías le ha dado a lo largo de seis mayorías absolutas. Uno se imagina al Bono de cubertería de plata y cuidada conversación con Sara Ferguson, mostrándose al azul infinito, y no consigue encajar esa figura con el "arremangao" del PSOE que dice lo que dice a pie de obra y que regalaba relojes en las cenas abarrotadas con la tercera edad.

Cada uno lleva su cruz, pero Bono tiene cada día mejor cara y no parece que el desdoblamiento provoque ningún trauma en su estado natural. Se le ve un hombre feliz y aseado. En realidad, José Bono no milita en ninguna ideología: él es una ideología en sí mismo.
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