Del lado rebelde, denominado Nacionalista, se encontraban la mayor parte de la Iglesia Católica española, importantes elementos del ejército, la mayoría de los terratenientes y muchos hombres de negocios. Del lado Republicano los trabajadores urbanos, la mayor parte de los obreros agrícolas, mineros y gran parte de la clase media.
La capitanía de los Nacionalistas fue asumida gradualmente por el general Franco, liderando las fuerzas que había traído de Marruecos. El 1 de octubre de 1936, fue nombrado Jefe del Estado y formó gobierno en Burgos.
Los defensores del golpe desencadenan una revolución, pero de carácter fascista, y en favor del gran capital y de la instauración de una dictadura personal en España. Francisco Franco será quien aglutine todas las fuerzas, en un principio dispersas, bajo una estructura militar. Los fascistas se hacen con el poder, y Franco aparece como el jefe al que obedecer. Franco hará también su contrarrevolución, depurando a los más extremistas de su bando. Las fuerzas rebeldes tienen bajo su control la España agrícola, que a la postre, en una guerra larga, será más importante que la industrial, por la posibilidad de alimentar a sus tropas. Ante la evidencia de una guerra larga, Franco crea un gobierno rebelde en Burgos, con el que negociarán las potencias fascistas de la época, Alemania e Italia, y más tarde las democracias occidentales.
El objetivo prioritario de la guerra es la conquista de Madrid. Pero Madrid no es una plaza fácil de tomar, y Franco emplea sus tropas en la conquista de otros territorios importantes para controlar el país, antes de asaltar Madrid. En 1937 el general José Solchaga invade Asturias y el País Vasco, dos de las zonas industriales. La ayuda alemana e italiana es vital para el ejército rebelde. En España el ejército alemán ensayará las tácticas que pondrá en marcha durante la segunda guerra mundial, como la guerra en columnas, que superan al ejército republicano, por su indecisión, y el bombardeo de la población civil, como en Guernica.
La capitanía de los Nacionalistas fue asumida gradualmente por el general Franco, liderando las fuerzas que había traído de Marruecos. El 1 de octubre de 1936, fue nombrado Jefe del Estado y formó gobierno en Burgos.
Los defensores del golpe desencadenan una revolución, pero de carácter fascista, y en favor del gran capital y de la instauración de una dictadura personal en España. Francisco Franco será quien aglutine todas las fuerzas, en un principio dispersas, bajo una estructura militar. Los fascistas se hacen con el poder, y Franco aparece como el jefe al que obedecer. Franco hará también su contrarrevolución, depurando a los más extremistas de su bando. Las fuerzas rebeldes tienen bajo su control la España agrícola, que a la postre, en una guerra larga, será más importante que la industrial, por la posibilidad de alimentar a sus tropas. Ante la evidencia de una guerra larga, Franco crea un gobierno rebelde en Burgos, con el que negociarán las potencias fascistas de la época, Alemania e Italia, y más tarde las democracias occidentales.
El objetivo prioritario de la guerra es la conquista de Madrid. Pero Madrid no es una plaza fácil de tomar, y Franco emplea sus tropas en la conquista de otros territorios importantes para controlar el país, antes de asaltar Madrid. En 1937 el general José Solchaga invade Asturias y el País Vasco, dos de las zonas industriales. La ayuda alemana e italiana es vital para el ejército rebelde. En España el ejército alemán ensayará las tácticas que pondrá en marcha durante la segunda guerra mundial, como la guerra en columnas, que superan al ejército republicano, por su indecisión, y el bombardeo de la población civil, como en Guernica.