PEDRO MUÑOZ: Se cuenta en los mentideros que una buena parte del...

Se cuenta en los mentideros que una buena parte del PSOE está descompuesta con Zapatero. Ni entienden, ni comparten, ni aprueban su política. Barones socialistas y dirigentes de distinta condición forman parte, al parecer, de esa legión de descontentos que se llevan las manos a la cabeza desde hace muchos meses y que fulminarían de inmediato, si pudieran, la deriva de ese presidente del Gobierno que lleva a España y al PSOE no se sabe dónde.

Son muchos y variopintos, y ni están cómodos ni quieren estarlo bajo el liderazgo actual de Ferraz, comandado desde la Moncloa por Zapatero y con timón, es un decir, de Pepiño Blanco. La ruptura de la tregua de ETA, de facto en la te-4 de diciembre y ahora por escrito, ha evidenciado el fracaso del presidente del Gobierno y derramado a manos llenas cualquier atisbo de solución a una legislatura moralmente agotada que no espera ya otra cosa que unas elecciones generales cuanto antes.

Alarmada y triste, con profunda desesperanza, la gran Rosa Díez, a la que algunos quisieran silenciar, ha vuelto a apelar en los últimos días a la parte más serena, inteligente y sensata del PSOE, su partido, para que de una vez por todas salten las alarmas que tengan que saltar y todo ese descontento sordo se convierta en un clamor frente a esta difícil hora de España en la que Zapatero nos ha situado. ETA es la culpable, Zapatero el responsable, ha venido a decir con la contundencia que acostumbra. Clamaba Rosa Díez ante el enorme y desolador silencio de los socialistas y pedía, como grito en el desierto, que digan en voz alta lo que cuentan en corros, mentideros y pequeñas reuniones. Lo que es un grito ahogado antes de tiempo. Es hora de tomar una determinación y poner las cosas en su sitio, decir lo que haya que decir: alto y claro.

Sin embargo, la ejecutiva federal del PSOE del pasado fin de semana nos ha vuelto a demostrar que ese silencio de los corderos será el gran perfil del socialismo español del momento mientras se siga gobernando. Todos parecen dispuestos a ir con Zapatero al fin del mundo, y sólo se bajarán de ese carro si pierde las elecciones el presidente. Ese día, si es que llega, habrá cola para colocar el muñeco en la plaza pública y empezar a tirarle piedras. Pero, mientras eso no suceda, el PSOE actual es una gigastesca maquinaria de poder que ha situado en un segundo plano el sentido del Estado y que aspira ante todo y sobre todo a la perpetuación y el mantenimiento del Gobierno.

Los descontentos han callado y aplaudido y limitan de nuevo su pensamiento en libertad y dignidad a los corrillos y confidencias. Tal vez si ese enorme río subterráneo de malestar subiera a la superficie lo que sucedería sería un maremoto, un tsunami de alivio y democracia. Tal vez.
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