Se cuenta en los mentideros que una buena parte del PSOE está descompuesta con Zapatero. Ni entienden, ni comparten, ni aprueban su política. Barones socialistas y dirigentes de distinta condición forman parte, al parecer, de esa legión de descontentos que se llevan las manos a la cabeza desde hace muchos meses y que fulminarían de inmediato, si pudieran, la deriva de ese presidente del Gobierno que lleva a España y al PSOE no se sabe dónde.
Son muchos y variopintos, y ni están cómodos ni quieren estarlo bajo el liderazgo actual de Ferraz, comandado desde la Moncloa por Zapatero y con timón, es un decir, de Pepiño Blanco. La ruptura de la tregua de ETA, de facto en la te-4 de diciembre y ahora por escrito, ha evidenciado el fracaso del presidente del Gobierno y derramado a manos llenas cualquier atisbo de solución a una legislatura moralmente agotada que no espera ya otra cosa que unas elecciones generales cuanto antes.
Alarmada y triste, con profunda desesperanza, la gran Rosa Díez, a la que algunos quisieran silenciar, ha vuelto a apelar en los últimos días a la parte más serena, inteligente y sensata del PSOE, su partido, para que de una vez por todas salten las alarmas que tengan que saltar y todo ese descontento sordo se convierta en un clamor frente a esta difícil hora de España en la que Zapatero nos ha situado. ETA es la culpable, Zapatero el responsable, ha venido a decir con la contundencia que acostumbra. Clamaba Rosa Díez ante el enorme y desolador silencio de los socialistas y pedía, como grito en el desierto, que digan en voz alta lo que cuentan en corros, mentideros y pequeñas reuniones. Lo que es un grito ahogado antes de tiempo. Es hora de tomar una determinación y poner las cosas en su sitio, decir lo que haya que decir: alto y claro.
Sin embargo, la ejecutiva federal del PSOE del pasado fin de semana nos ha vuelto a demostrar que ese silencio de los corderos será el gran perfil del socialismo español del momento mientras se siga gobernando. Todos parecen dispuestos a ir con Zapatero al fin del mundo, y sólo se bajarán de ese carro si pierde las elecciones el presidente. Ese día, si es que llega, habrá cola para colocar el muñeco en la plaza pública y empezar a tirarle piedras. Pero, mientras eso no suceda, el PSOE actual es una gigastesca maquinaria de poder que ha situado en un segundo plano el sentido del Estado y que aspira ante todo y sobre todo a la perpetuación y el mantenimiento del Gobierno.
Los descontentos han callado y aplaudido y limitan de nuevo su pensamiento en libertad y dignidad a los corrillos y confidencias. Tal vez si ese enorme río subterráneo de malestar subiera a la superficie lo que sucedería sería un maremoto, un tsunami de alivio y democracia. Tal vez.
[GoogleBarVIP= 153].
Son muchos y variopintos, y ni están cómodos ni quieren estarlo bajo el liderazgo actual de Ferraz, comandado desde la Moncloa por Zapatero y con timón, es un decir, de Pepiño Blanco. La ruptura de la tregua de ETA, de facto en la te-4 de diciembre y ahora por escrito, ha evidenciado el fracaso del presidente del Gobierno y derramado a manos llenas cualquier atisbo de solución a una legislatura moralmente agotada que no espera ya otra cosa que unas elecciones generales cuanto antes.
Alarmada y triste, con profunda desesperanza, la gran Rosa Díez, a la que algunos quisieran silenciar, ha vuelto a apelar en los últimos días a la parte más serena, inteligente y sensata del PSOE, su partido, para que de una vez por todas salten las alarmas que tengan que saltar y todo ese descontento sordo se convierta en un clamor frente a esta difícil hora de España en la que Zapatero nos ha situado. ETA es la culpable, Zapatero el responsable, ha venido a decir con la contundencia que acostumbra. Clamaba Rosa Díez ante el enorme y desolador silencio de los socialistas y pedía, como grito en el desierto, que digan en voz alta lo que cuentan en corros, mentideros y pequeñas reuniones. Lo que es un grito ahogado antes de tiempo. Es hora de tomar una determinación y poner las cosas en su sitio, decir lo que haya que decir: alto y claro.
Sin embargo, la ejecutiva federal del PSOE del pasado fin de semana nos ha vuelto a demostrar que ese silencio de los corderos será el gran perfil del socialismo español del momento mientras se siga gobernando. Todos parecen dispuestos a ir con Zapatero al fin del mundo, y sólo se bajarán de ese carro si pierde las elecciones el presidente. Ese día, si es que llega, habrá cola para colocar el muñeco en la plaza pública y empezar a tirarle piedras. Pero, mientras eso no suceda, el PSOE actual es una gigastesca maquinaria de poder que ha situado en un segundo plano el sentido del Estado y que aspira ante todo y sobre todo a la perpetuación y el mantenimiento del Gobierno.
Los descontentos han callado y aplaudido y limitan de nuevo su pensamiento en libertad y dignidad a los corrillos y confidencias. Tal vez si ese enorme río subterráneo de malestar subiera a la superficie lo que sucedería sería un maremoto, un tsunami de alivio y democracia. Tal vez.
[GoogleBarVIP= 153].