Riñegatas, Riñegatas. No me acurdo de su nombre.
Tenía unos padres que un buen día Dios se los llevó consigo. Tenía también una tumba humilde, un perrito faldero, un bigote recortadito, unas gafas que se ahumaban a cada nada, unos ralos cabellos fijados con
agua... Y tenía también mucha soledad.
Empezó a llenar sus horas con el cuidado de innumerables plantas. Hizo de la humilde tumba de ladrillos de sus padres un panteón floral. Crisantemos, clavellinas, lírios del
valle, rosas de Alejandría...,
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