La mayoría de los mejores momentos de mi adolescencia los he pasado en Carrizosa, en sus fiestas, cuando Javi abrió la discoteca, la romeria, con mi pandilla de amigos, la mayoría de ellos casados y con niños, otros todavía en busca de su media naranja. Había gente del pueblo, de Madrid, de Valencia, de Alicante, las sevillanas, nos lo pasábamos genial y sin ningún mal rollito. Tengo muy buenos recuerdos y todos los años procuro hacerme una escapadita en verano o fines de semana para disfrutar de la tranquilidad y sosiego que me hace olvidar de las prisas de Madrid. A mi marido le gusta y a mis niñas les encanta juntarse con los primitos del pueblo.
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