Uuna anécdota mia, que guarda relación con la matanza, y mas concretamente, con los chorizos que Sefa creía se comía su padre:
Era domingo y mi madre me había puesto ropa límpia. Tenía ella dos ollas de chapa esmaltada (lo que mal llamábamos porcelana), de unos teinta y tantos centímetros de diámetro, colocadas en una habitación que tenía casi nula luz natural, en las que guardaba los ricos roscos que amasaba, en una, y lpos chorizos de la matanza, ya fritos, con toda su pringue, en la otra.
Yo, ... (ver texto completo)
Era domingo y mi madre me había puesto ropa límpia. Tenía ella dos ollas de chapa esmaltada (lo que mal llamábamos porcelana), de unos teinta y tantos centímetros de diámetro, colocadas en una habitación que tenía casi nula luz natural, en las que guardaba los ricos roscos que amasaba, en una, y lpos chorizos de la matanza, ya fritos, con toda su pringue, en la otra.
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