Seguimos con las alegres
fiestas:
Ya cesa el recio retronar de las faenas del
campo. Los hombres aparecen limpios, rasurados y sus rostros han cambiado. Sus facciones, antes duras como el propio hierro, se han vuelto bondadosas. Sus pupilas, que antes se perdian en un ámbar oscuro, triste y cansadas, se tornan alegres, llenas de luz y de alegria. Sus gargantas secas, despues de un
verano bochornoso que regaron con mil sudores, piden algo, aclaman vino, cerveza, cuerva en abundancia hasta saciar
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