El encanto que tenía esa
plaza de palos supera con creces a la ahora instalada. Cuando las
fiestas se aproximaban los chiquillos jugabamos a la
vaca mientras los hombres montaban los palos y los no tan chiquillos también visitaban la plaza con nocturnidad, para nada malo , simplemente charlar con los
amigos.
Recuerdo un año en la verbena que se origino un gran revuelo cuando a un grupo de gente se le ocurrio venir corriendo hacia el prao dando la voz de alarma de que las
vacas se habían escapado
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