CASAS DE LAZARO: EN EL DESIERTO DE LA BICHA - En una comarca de...

EN EL DESIERTO DE LA BICHA
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En una comarca de Albacete, desde tiempos de la postguerra, se produce una fenomenología única y de difícil explicación que mantiene en vilo a centenares de vecinos. “La Luz del Pardal” como así han bautizado al enigma, ha asustado a terratenientes y pastores, ha provocado tiroteos de la Guardia Civil e incluso ha sido fotografiada en su huída.


Balazote, Albacete, finales del siglo XIX, hacia las 14:00 horas

El azadón había tocado algo macizo y se resistía a horadar más aquella tierra reseca. El calor daba de plano y su robusto antebrazo secó el sudor acumulado en la frente. El hombre, enjuto y abrasado por los miles de soles de labor, creía haber encontrado algo. El hombre se echó hacia atrás instintivamente. Erguido comprobó que aquel rostro parecía demoníaco, con una lacia perilla y lo que parecían ser dos cuernos seccionados a cada lado de la frente. Después, abandonada allí durante más de un día la enigmática efigie espero paciente a ver la luz definitivamente. Las autoridades la alzaron con varias palancas y tras no pocos esfuerzos. La tormenta no había abandonado Balazote, el lugar donde se acababa de descubrir una de las piezas cumbre de la arqueología íbera. Los expertos fueron llegando con cuenta gotas hacia el pequeño pueblo que nunca anteriormente había sido noticia por nada. Los primeros catálogos la describieron como “una figura ornamental androcéfala con tono arcaizante propia de una etapa oscura de la historia situada entre los siglos V y VI antes de Cristo.”.

La luz de todos los santos

Al llegar a uno de los pueblos observamos a muchos vecinos mirando hacia los cielos, discutiendo en plena calle. Al preguntarles nos quedamos helados, un “cenicero” llameante se había paseado descaradamente ante la concurrencia, colocándose justo encima de la iglesia, a pocos pasos de los allí presentes. Recuerdo a las gentes agolpándose, y como aquella misma jornada, sin salir de la estrecha calle de color terroso y tejadillos bajos, supimos de al menos otros seis o siete encuentros en las últimas semanas. En aquel momento nos convencimos los cuatro de que allí ocurría algo fuera de lo normal.

-¿Aparece más frecuentemente en alguna fecha concreta?

-Desde siempre se habla de la noche de difuntos. Muchos la han visto entonces. Pero en general en todo el período de final de otoño e inicio del invierno. En esos meses de inicio de los fríos y las heladas es cuando se ve. La gente, de algún modo, ha relacionado el asunto con el tema de los difuntos.

"Puede que esta misma noche, o cualquier otra noche, rodando por esta carretera comarcal de la provincia de Albacete, usted tenga un encuentro con ella. Con lo insólito e inexplicable. Centenares de personas ya la han descrito de la misma forma, y con su mismo misterio, acercándose hasta ellos como ingrata y silenciosa compañía. Aquí todos la llaman 'La Luz del Pardal'...”.


Cristino Cuerda: paralizado junto al rebaño

"La noche era fría en La Quéjola. Andábamos por el final de octubre o principio de noviembre. Yo, la verdad, noté como el ganado iba como atemorizado, como si presintiera algo. En un momento dado, junto a los almendros, me fije en algo que había aparecido de repente, una luminaria pequeña, como rojiza, que iba casi a ras de suelo: Allí no había nadie más. Solamente la luz. Las ovejas salieron despavoridas y aquello desaparecía siempre en la misma dirección, detrás de lo que entonces se llamaba Casas Navarretes, y donde vivíamos los pastores."


¡Alto a la Guardia Civil!

Fe de ello dan el Guardia Civil Eugenio Alarcón y su acompañante José Olmo, quien, en el mismo punto donde yo me encontraba, dieron el alto a la mismísima luz del Pardal. Alarcón y Olmo no podían dar crédito a lo que estaban viendo. Lo que en un principio identificaron como la linterna de un furtivo fue serpenteando hacia el interior de una zona de maleza frondosa, como intentando esquivar al Patrol blanco y verde que hacía guardia aquella noche de marzo de 1982. Eran las once y media, ambos no lo olvidarán jamás, y aquello comenzó a irradiar un tono rojo- anaranjado, apareciendo de nuevo en pleno corazón de La Quéjola.