La dilatada cronología constructiva y el proceso de adaptación de un
edificio civil a usos religiosos, junto a la insuficiencia de espacio, obligó a una nueva edificación, cuyo primer proyecto (1718) fue un diseño inspirado en la cartuja barcelonesa de Montealegre. La intervención del arquitecto J. De
Aragón (1751) determinó el diseño final como
iglesia conventual, bendecida en 1812.