La
historia de la Cartuja se inicia cuando el Rey de
Aragón, Martín el Humano, protector de los cartujos, orden fundada por
San Bruno, cedió en 1399 a estos monjes el
Palacio del Rey Sancho, para que se fundara la Cartuja. El primer paso consistió en adaptar el palacio real a las necesidades de un
convento; para ello, la prisión se convirtió en refectorio; la
iglesia ocupó la cocina del palacio, la
plaza de armas se transformó en
cementerio, y entorno se edificó un
claustro.