9. La mujer 'emparedada' en la
Catedral. Las dos jóvenes pasaban mucho tiempo juntas y según la
tradición, fue Elisabet quien enseñó a Catalina a leer, escribir y
bordar. Elisabet quería ser monja, pero la casaron. No perdieron su
amistad, pero cuando Elisabet enviudó, sintió que el mundo no le atraía y decidió encerrarse en una pequeña estancia, cerca de la
capilla de
San Pedro. Los responsables de la Catedral se negaron, pero ella insistió tanto que al final se le permitió. Así lo indican los registros, en 1576.