Además, los dominicos acogían al Tribunal de la Inquisición, implacable con los judíos que practicaban su religión. Los condenaban a morir en la
hoguera, y si esto ya es terrible, hay que añadir que, de toda la isla, llegaban miles de personas para presenciar las ejecuciones. A mediados del siglo XIX, las autoridades liberales tenían tanto miedo del poder de los dominicos, que una
noche los embarcaron a la fuerza y se los llevaron a Cartagena, en
Murcia. Y pasado un tiempo, el
convento fue derribado. Cabe destacar que a este exilio forzado solo se llevaron a los menores de 65 años, lo que nos demuestra a qué edad se consideraba peligrosa una persona en aquellos tiempos. Así terminó la existencia del mayor convento
gótico de Palma, al que se había apodado la
Casa Negra.