Los monjes dominicos no eran muy queridos en Palma, porque no veneraban, como era
costumbre en la isla, a la madre de Jesús de Nazaret,
Santa María. Tampoco admiraban a uno de sus ciudadanos más ilustres, Ramon Llull, el gran filósofo, intelectual y políglota, autor de los primeros libros científicos en una lengua popular, en este caso, su lengua materna, el catalán.