La
fachada es un bello ejemplar de
arquitectura civil, de gran simplicidad. Se puede considerar como un verdadero epígono del
gótico civil mallorquín, pues en el
arco de ingreso consta que se edificó el 1529, cuando el estilo renacentista ya lucía con esplendor en el interior de la
Catedral. La autoría hace falta atribuirla a un tardío seguidor de Guillem Sagrera o a alguno de sus discípulos.