La otra planta bajo está a ocho metros de profundidad y estuvo pensada en origen como una cripta y se utiliza actualmente como sacristía. Una de las aportaciones barrocas a la
catedral es el sepulcro del obispo Panyelles en la
capilla de
San Benito, que «resume con materiales pobres y escala menguada diversas sugestiones del Barroco italiano.