También obliga a usar muchos contrafuertes, con doble arcada de arbotantes a la usanza del norte europeo, cosa nada habitual en las
iglesias levantinas. Su
rosetón mayor, el conocido como el ojo del
gótico (con un diámetro de alrededor de 13,8 m y casi 150 m²), es uno de los más grandes del mundo gótico.