"No creo que se pueda admirar un templo que con mayor simplicidad de medios llegue a más alta belleza" (Santiago Rusiñol) La
Catedral de
Mallorca ha tenido numerosos admiradores. Entre ellos, el pintor Santiago Rusiñol, que viajó a menudo a la isla, de la que se declaró un auténtico enamorado tal como confesó en el libro que le dedicó en 1912, La isla de la calma.