SANT JOAN DE LABRITJA (Islas Baleares)


Sendero junto al acantilado
Mítico lugar al que acuden muchos para ver el ambiente y ponerse el sol.
“Qué luz de atardecer increíble, hecha del polvo más fino, llena de misteriosa tibieza” Xavier Villaurrutia
“La belleza que atrae, rara vez coincide con la belleza que enamora„
Belleza - José Ortega y Gasset (1883-1955
Con independencia de la calidad de las aguas y las finas arenas de esta playa, que de por sí ya merecen una jornada de asueto, un atractivo más y que atrae a multitud de personas los días festivos es ver la puesta de sol desde este lugar considerado "mágico" por muchos y bailar al son de los tambores que tocas los últimos hippies de la isla.
No es igual ir a calas como esta en verano que en invierno. En verano, sobre todo si es festivo, rebosarían de gente y extender un toalla en la arena sería prácticamente imposible. Por contra, ahora la soledad es la nota característica, casi nadie se acerca al lugar, ni tan siquiera quienes tienen viviendas en las cercanías o los de los chiringuitos o restaurante próximos. La arena suele aparecer con algas y otros restos de arbustos y árboles que llevan los temporales, lo que las hace menos atractivas.
La playa suele ser muy concurrida, sobre todo en domingos y festivos. En la orilla hay dos restaurantes donde reponer fuerzas y allí mismo hay un mercadillo.
Dos semana llevan sin sonar los tambores en la playa tal y como venían haciendo desde hace varias décadas. Están en huelga. El motivo, como siempre, de tipo económico. Los supuestos organizadores y mantenedores de la tradición de tocar a la puesta del sol, dicen que los dos restaurantes de la playa y los vendedores del mercadillo se lucran de el gancho que es su música; que atrae a numerosas personas y que gracias a ellos los restaurantes y puestos del mercadillo tienen clientes, por lo que ellos también quieren recibir alguna compensación económica por un espectáculo, el de los tambores, que hasta ahora había sido altruista y con fines más o menos espirituales por la energía, dicen, que transmite el lugar.
Todos los domingos hay una especie de fiesta de los tambores, coincidiendo con la puesta de sol, al parecer todo empezó en la luna llena del mes de agosto, extendiéndose después a todos los domingos del año. A esta fiesta, a la que acuden muchos curiosos y gentes con ganas de tocar el tambor y fiesta, se le añadieron los vendedores ambulantes que hoy conforman un mercadillo de bisutería, ropa, calzado y otras cosas; además de dos restaurantes y parking de pago. El caso es que la fiesta en cuestión está en peligro, ya que el "organizador" quiere recibir su parte del pastel y argumenta que gracias a él y a los músicos la gente acude en masa y los negocios establecidos hacen caja y él y los que tocan no ven un duro. Como no cobran, se declaran en huelga de tambores con la pretensión de perjudicar a los que se aprovechan de la llegada masiva de curiosos. Desde mi punto de vista, la playa es muy buena y la puesta de sol es magnífica; lo de los tambores es un añadido que en poco o nada perjudicará la afluencia de público, seguramente, para muchos será un alivio que no toquen. Veremos.
Bonito espectáculo de la Naturaleza que a nadie deja indiferente.
Es un lugar tranquilo, casi intacto al que todavía no han llegado las construcciones hoteleras o de apartamentos. Esperemos que los especuladores destructores de la naturaleza no aparezcan nunca por el lugar.
Los domingos es un lugar muy concurrido por los amantes de la playa. En el mismo hay un mercadillo y la gente espera la caída del sol para ver el color rojo en el horizonte a la vez que escucha los tambores de lo que todavía queda del movimiento hippy.
Mucho cuidado con lo que te tomas en alguno de los bares de la carretera de este lugar. Entérate bien de los precios antes de pedir y después de pagar pide tique. Se pasan cinco pueblos sangrando a los visitantes. Agencia Tributaria abre el ojo.
La vegetación es abundante en todas las laderas que circundan la cala, siendo la especie principal por su presencia y porte el pino.
Localidad en la que todos los domingos se hace un mercadillo al que acuden gentes desde todos los puntos de la isla y donde pueden encontrarse cosas curiosas como lo mostrado en la fotografía.
Es gratificante ver macetas con plantas y flores por las calles, mitigan el impacto de los duelos de piedra y la blancura de las paredes de las casas.