Lugar apartado en la cala, al que se llega a través de una vereda que bordea los acantilados entre los pinos o en barca por el mar.
Fortaleza para proteger a los habitantes de Dalt Vila de los ataques de los piratas berberiscos, de los franceses, ingleses, etc. de otro tiempo; pero que no puede resistir el "asalto" de los turistas de nuestra época.
Fue un militar español que destacó en la guerra de Cuba, por lo que se considera un héroe de aquella campaña en las postrimerías de la colonia en la Gran Antilla.
Un parque con fuente y plantas muy diversas en los que reina la tranquilidad y sosiego que hace honor al nombre del lugar.
Al borde de la carretera y detrás de la iglesia, desde donde puede divisarse la costa hacia Puerto de San Miguel.
Lagartijas endémicas de estas islas a las que es fácil encontrar cuando caminas por los caminos de los acantilados.
La playa es magnífica, pero el entorno está muy deteriorado al haberse construido mastodónticos hoteles en la ladera derecha de la cala que afean el paisaje y le quitan encanto. Una barbaridad muy consentida y salvaje en buena parte de las costas españolas.
Lugar tranquilo y bucólico en el que uno parece transportado a otra época.
Los buzones concentrados en un punto en el exterior de urbanizaciones y edificaciones cerradas facilita la labor del cartero, agiliza la distribución y se puede llegar a un mayor número de usuarios; optimizando los recursos y dando servicio. En algunos países, por ejemplo en Portugal, todos los edificios comunitarios los tienes situados en el exterior, es decir, con acceso desde la vía pública.
Diariamente desembarcan cientos y cientos de turistas ávidos de recorrer los caminos que conducen a distintos lugares: playas, La Mola..., lo que deriva en una importante actividad en restaurantes y bares, pero también en el sector de alquiler de automóviles, motocicletas y bicicletas, amen del tráfico de viajeros en los ferrys que unen Formentera con Ibiza.
Lugares bonitos en las proximidades de este aparcamiento y restaurante, donde, por cierto, por un triste café con hielo te soplan 3,00€. La Agencia Tributaria debe encargarse de vigilar si se expiden tiques con las consumiciones que se despacha. El café era algo más que corriente, pero su precio exagerado.
No es precisamente uno de los lugares que más me han gustado de la isla. No es una ciudad agradable y tranquila, está concebida para la diversión y para la gente joven, generalmente extranjeros. Sin embargo, en sus proximidades hay playas que nadie debe perderse.
Una muestra de la grandiosidad de la fortificación que defendía de ataques a Dalt Vila es esta puerta presidida por el escudo del rey Felipe II.
Playa larga y concurrida, cercana a la capital isleña, pero con dificultadas para encontrar donde dejar el automóvil.
Arenal extenso junto a una de las zonas más cotizadas de Ibiza.