Los expertos sostiene que fueron varios los factores que ocasionaron el declive medioambiental de
Salinas y su entorno. Al crecimiento urbanístico e industrial se sumó también el incremento de la zona de servicios vinculada al
Puerto de
Avilés. Cuando, a finales del siglo XIX, Avilés intentó explotar las bondades del turismo, ése de los mares fríos y baños de impresión más fríos aún, se dio cuenta de que tenía que ser una "
playa". Había que inventar la playa. Así se llamaba a toda ciudad de veraneo elegante con
mar. ¿Acaso no eran
playas San Sebastián o Santander? y, sin ir tan lejos ni ponerse tan exquisitos ¿no lo eran Gijón o Ribadesella? Pues, como Avilés nada tenía que envidiar a tan regios o tan cercanos enclaves, sería playa también y la prosperidad llegaría dentro de las maletas de los veraneantes.