BUSTO (Asturias)


Mera radicados en chile tercera generación la mayoría militares abogados profe seres
Que hermoso lugar ojalá lo conazca algún día desde Chile eduardo mera
Meraz, significa el nombre del lugar de donde proviene esta familia: Meras, que es un lugar del concejo de Valdés en Asturias España. Saludos.
Edurado mera saludos desde chile
Hola Angelina. He leido por casualidad los mensajes de esta página y por los comentarios que haces en las fotos deduzco que tú eres la hija de Visita. a la que yo conocí en mis años mozos, pues mis abuelos vivían en la casa cercana, Casa Pepona. Una prima tuya, hija de Floro, estuvo casada con un primo mío, Francisco. Y digo "estuvo" porque hace poco más de un año que falleció mi primo reprentinamente. Me acuerdo también de un hermano tuyo, creo que se llamaba Pepito. Recuerdo a tu abuelo y a tus ... (ver texto completo)
Hola Juan Manuel, mi nombre es Elena y soy la hija d Pepe d Ca Pistolo. Vivo en Buenos Aires, pero pronto estare por alla. Seguire la ruta d mi padre, y dl padre de mi padre. Un saludo grande
muy interesante. Feliccidades.
Buenos días, que yo sepa existe un Vallin en la montaña de Luarca y dos lugares en Castropol que también se llaman Vallin o Valin.
Maria Encarnación Ardura Príncipe era mi abuela y no tengo ningún Álvaro en la familia... que raro.
Busco familiares de CELESTINO GARCIA DIEZ, nacido en un caserio llamado LLENDECASTIELLO. Gracias
Llendecastiello es un pueblo de la parroquia de Trevias
Busco familiares de CELESTINO GARCIA DIEZ, nacido en un caserio llamado LLENDECASTIELLO. Gracias
Hola Carmen, a mi también me gustaria contactar contigo: ctsan@hotmail. com
Igual me quiero contactar con vosotros. Jmmerazhdz@gmail. com
Hola, yo también soy Meraz. Mi nombre es Manuel. Solo que mi familia paterna, proceden del estado de Veracruz, Mexico. Me gustaría contactarme con mis orígenes en España. Saludos.
José Ramón Muñiz Álvarez
“TRES SONETOS PARA MARÍA DEL CARMEN ÁLVAREZ
MENÉNDEZ”
-poesía-

No siempre la mañana despierta alegremente, llevando por el cielo los brillos que relumbran en la altura, sus luces, sus colores encendidos. Por eso los paraguas llenaban los rincones, las calles y las plazas, en cuanto amenazaba alguna nube, llegada de Galicia o de los mares.
Entonces, los pesqueros llegaban muy temprano, los puertos se llenaban y Asturias era lluvia con la lluvia y el sol que se refleja en cada brizna: pensad en esos campos, pensad en esos prados mojados por la lluvia, manchados por la llama de un sol bello, heridos por la llama de un sol bello.
No siempre la mañana despierta alegremente. Y el caso es que la aurora por fin quiso la paz con los mortales y el sol cobró el dominio sobre el cielo. La gente ya bajaba, con un paso sereno, por más que era temprano: “Señores, el bocarte está barato”, decían desde el barco los más mozos…
Pero esta es una historia distinta a la que quiero venir a referiros: no siempre las historias de pesqueros enganchan a la gente que me escucha. Y en estos filandones no sobra hablar de cosas que puedan sugeriros matices muy curiosos de la vida, leyendas tan extrañas como el mundo.
Por eso los pesqueros, los cuentos de galernas e historias semejantes serán cosa que cuente en otro tiempo, que no es prudente, en fin, entretenerse. Dejadme que os presente sucesos muy distintos al mar de las Asturias, que, al cabo, siempre son interesantes, mas no como el suceso que os reservo.
Hablemos de deshielos, de escarchas en los valles, del alba que se admira desde los hospitales en invierno, sabiendo comprender tanta tristeza. Hablemos de los sueños que son melancolía, que saben a penurias, mirando cómo parten los que quieres, sabiendo que ya parten los que quieres.
Hablemos del espíritu que, roto, se deshace, fluyendo con las lágrimas, hablando con la lluvia, si es que llueve; hablando de la nieve, si es que nieva. Hablemos mismamente del mar en el enero que mira viejas playas calladas, escuchando las espumas serenas de las olas que se agotan.
O estemos en silencio, si acaso sospechamos que curan las heridas las voces del silencio en navidades, cuando nos llegan vientos de borrasca. O estemos en silencio si es cierto que pensamos que pueden los silencios ser forma de respeto por la gente que ya no habita el tiempo que nos toca.
Pensemos en la vida, pensemos en la muerte, tal vez ese momento que viene sin decirlo, sin avisos, robándonos las cosas que tenemos, robándonos la hacienda, la risa y las tristezas, los odios, los amores que hicieron que la vida se tejiera con tintes diferentes a otras vidas.
Sepamos entendernos, sepamos comprendernos: si acaso el desconcierto nos llena cada día de existencia, si acaso la mañana nos lo dice, tal vez el desconcierto que llena la existencia no es otro que los miedos que borra la poesía que se escribe con ganas de afrontar estos temores.

Soneto I

La voz que trajo entonces la alborada
manchaba el brillo claro en las alturas,
hablándonos del sol, de sus diabluras,
jugando a reflejarse en la nevada.

Y oyeron al cristal donde la helada
las horas de silencio tan oscuras
que pudo descorrer con llamas puras
el eco en que quebró la madrugada.

Y quiso la mañana, con apuro,
volar el cielo azul, cruzar el cielo,
su magia, su color, su principado.

Y llanto, soledad y desconsuelo
nacieron de mi pecho en un conjuro
que, triste, pronunció desesperado.

Soneto II

Y todo se hizo hablar con ese viento
que quiere la blancura en cada prado,
si juega con el aire despistado
el sol en ese cielo ceniciento.

Y todo se hizo hablar del desaliento
que quieren el enero y el nublado,
sabiendo que es un mar enajenado
el mar en que se mira el firmamento.

Y quise contener el odio al día,
llorando, sin lamentos, silencioso,
quejándome sin voz al pecho mío.

Y vino a ser la luz melancolía,
querella del bostezo perezoso
que le arrancó la vida con el frío.

Soneto III

No pudo estar ausente la hermosura
que saben pronunciar en el paisaje
la escarcha y la belleza, ese coraje
que mezcla con la aurora la negrura.

La luz del sol, perdiendo su bravura,
quedando atrás, tardando en ese viaje,
sinónimo de vida, le hizo ultraje
al alma que volaba hacia la altura:

Quedó la voz de aquella sombra fría
que se hizo de la estancia soberana,
eterna gobernante de su suerte:

el beso silencioso donde el día
quería cautivar a la mañana
le dijo la palabra de la muerte.

No siempre la mañana despierta alegremente, llevando por el cielo los brillos que relumbran en la altura, sus luces, sus colores encendidos. Por eso los paraguas llenaban los rincones, las calles y las plazas, en cuanto amenazaba alguna nube, llegada de Galicia o de los mares.
Entonces, los pesqueros llegaban muy temprano, los puertos se llenaban y Asturias era lluvia con la lluvia y el sol que se refleja en cada brizna: pensad en esos campos, pensad en esos prados mojados por la lluvia, manchados por la llama de un sol bello, heridos por la llama de un sol bello.
No siempre la mañana despierta alegremente. Y el caso es que la aurora por fin quiso la paz con los mortales y el sol cobró el dominio sobre el cielo. La gente ya bajaba, con un paso sereno, por más que era temprano: “Señores, el bocarte está barato”, decían desde el barco los más mozos…
Pero esta es una historia distinta a la que quise contaros esta noche: pensad que las historias que os refiero no deben repetir sus elementos. Y huyendo de aburriros, tal vez no hablar de mares, de puertos alejados, hablar de alguna cosa diferente, pudiera pareceros saludable.
Dejemos, como un barco que viaja a la deriva, los nombres de los puertos: Candás, Gijón y Navia, Cudillero, tal vez Ribadesella, acaso Lastres. Dejemos de momento que sueñe cada costa callada en las Asturias, que duerma ya Viavélez, o que en Tapia la noche caiga lenta en playas grises.

2019 © José Ramón Muñiz Álvarez
José Ramón Muñiz Álvarez
“BUSCANDO MIRUÉNDANOS”
(poemas)

“Tal vez en Cadavedo”

I

Tal vez en Cadavedo
la lluvia se hace lluvia
si llueve
sobre el hórreo,
si llueve en esas playas silenciosas
que cuentan el misterio del pasado,
que dicen el misterio del pasado,
pues siempre ese pasado nos habla de nosotros,
acaso nos pregunta, nos exige
respuesta a lo que fuimos hace siglos.

II

Tal vez en Cadavedo,
quizás en otro sitio,
porque
Villademoros
también contempla tristes los pedreros
que cuentan esa historia que sabíamos
los niños de ese tiempo, si llovía,
si entraban nieblas densas de mares olvidados,
amantes de esos gritos ancestrales
que suenan en el aire enmudecido.

III

Pues es en Cadavedo,
en esa tierra extraña
de soles
apagados,
donde uno sueña un Busto diferente,
no lejos del lugar de Corbeiriños,
si acaso en Corbeiriños, cada tarde,
Asturias se hace mágica y anuncia su belleza
por esas playas místicas de siempre
que escuchan el rumor de cada espuma.

IV

Y en Luarca se hace bello
buscar un sol vencido
en medio de
la nada,
quizás entre humedades que llegaron
en tiempos de prehistoria y de silencio,
pues nada quedó escrito en esos tiempos,
dejando que las voces que dicta el pergamino
escondan esa fe callada y noble
de todas las neblinas del pasado.

V

Que Luarca es ya testigo
de todas las tristezas
del aire que
confiesa
que vives repitiéndote en el aire,
que vuelas repitiéndote en el aire,
que existes repitiéndote en la brisa
que vuela cada cielo, que vuela cada tierra,
contando aquel ayer, aquel pasado
que no puede gritar que fue presente.

VI

Y más allá de Luarca,
detrás de la belleza
del blanco de
la villa,
encuentro los discursos de las playas
que lloran en la arena pizarrosa
que Otur está escondido en la neblina,
tal vez en el “orbayu” de tiempos acestrales
que quieren renacer de su secreto,
que quieren emerger desde la nada.

VII

Carreño queda lejos,
igual que la mirada
del mouro en el
solsticio,
y sabes que el solsticio enciende un algo
de magia, de poder, de raro embrujo,
de hechizo irrenunciable en cada castro,
de fuerza en esos dólmenes que cantan a la luna
palabras apartadas en el seno
de rocas esculpidas por las olas.

VIII

Y hay rocas esculpidas
que saben el secreto
de gentes tan
arcaicas,
lejanas como el vuelo de los astros,
lejanas como el brillo de esa estrella
que enciende cada noche, si se apaga,
que brilla con el alba, que brilla con la noche,
planeta luminoso en primaveras
que quieren recordar tiempos mejores.

IX

Hay rocas esculpidas,
hay rocas esculpidas
que callan lo
que sienten,
que ignoran esos versos del poeta
que dice lo que sueña a todo el mundo,
hablando de humedades en Asturias,
besando en las Asturias las densas humedades
que pueden indicarnos, entre nieblas,
la senda de un destino al que no llegan.

X

Gastando gasolina,
en Navia, como siempre,
la brisa nos
halaga,
nos dice que tenemos un arraigo,
nos hace sentir madre a cada verso
de niebla derramado sobre el mundo,
y somos, con la niebla, palabras repetidas
en un discurso bello que repite
los ciclos de una tierra entre lloviznas.

2019 © José Ramón Muñiz Álvarez
“BUSCANDO MIRUÉNDANOS”
José Ramón Muñiz Álvarez
“BUSCANDO MIRUÉNDANOS”
(poemas)

“Los mares del Cantábrico”

I

Los mares del Cantábrico
nos hablan de leyendas,
de viejos balleneros,
de buques enemigos y piratas,
acaso de vikingos, de daneses
que luchan en los puertos contra todos,
con gentes que defienden,
con toda su bravura,
baluartes que se elevan hacia el cielo,
por eso en estos puertos escuchan las almenas.

II

Y son estos castillos
los dioses que combaten
al mar encabritado,
como hace tantos siglos, esas épocas
de fuego en cada espuma cuando embiste,
si quiere la embestida más violenta
la furia repentina
de noches tormentosas
que hablaron de galernas a los viejos,
si quedan esos viejos en muelles y espigones.

III

Y ves que siempre vive
la llama de los faros
en Navia y en la Veiga
que tiene en esas venas esa sangre
que quiere recordar a los albiones,
a celtas en los castros, a los castros
que miran al océano,
que quieren ese diálogo
con esas aguas bellas y calladas
que viven recitando las viejas tradiciones.

IV

Tus ojos, que no engañan
al brillo del poeta,
le dicen al poeta
que quieres revivir esas batallas
de astures y galaicos, enfrentándose
a todos los piratas que los siglos
trajeron en mareas
perdidas para siempre,
si no es en los legajos de la historia
que vuela con la brisa quizás hacia la nada.

V

Decir Puerto de Vega,
hablar de la aventura,
sentirse un Barbarroja
y amar, en esa Asturias, cada playa
parece conveniente, en este caso,
pues sabes que, detrás de la Losera,
llegando ya a Soirana,
está, con su misterio,
el grito silencioso de esa ínsula
que solo se oyó en tiempos lejanos como el Bronce.

VI

Y así, Puerto de Vega,
acaso Casariego,
Viavélez, si hace falta,
nos ven en la excursión que no termina,
disfrutan contemplando nuestros pasos,
igual que los turistas que se sienten
dichosos con los mares,
las olas, los cantiles
que saben ese idioma que emociona
a todo el que contempla las costas que prometen.

VII

Tus ojos y mis labios,
mis labios y tus ojos,
los dos en una playa,
fundidos en la dicha de la dicha,
hablando de Frejulfe y del Barayo,
gritando que, en Frejulfe y en Barayo,
las olas son más olas,
la brisa se hace viento
y el viento es forajido que pretende
de nuevo el abordaje de tiempos olvidados.

VIII

Y a ti Puerto de Vega
te lleva a esa aventura
que ofrece coronarte,
que quiere coronarte como reina
de un tiempo de sargazos y Caribe,
quizás en otros mares muy lejanos,
quizás en esos mares
rodados en películas
que vimos siendo niños cada sábado,
en tiempos en que un sábado tenía su belleza.

IX

Y siento que en Barayo
las olas se hacen grandes,
igual que en las arenas
calladas de Frejulfe, con sus tonos
mezclados del carbón y la pizarra,
mezclados con el brillo de tus ojos
en esas noches negras,
en esos ojos negros
y oscuros como noches ancestrales
que saben de chacales, de lobos en la noche.

X

Y digo que el Barayo
nos dice las verdades
de tiempos acabados
con su rumor de río hacia la playa,
contándonos secretos inauditos
en un lenguaje casi incomprensible,
pues pocos son los místicos
que escuchan a los ríos,
si no es que son los locos los que escuchan
el canto de los pájaros, el canto de los árboles

“No quiero desnudarme”

I

No quiero desnudarme
delate de ese espejo
que llena la alborada
con una imagen triste de otro tiempo,
con una imagen llena de tristeza,
con la melancolía de un recuerdo
que llena nuestra vista
de todo lo perdido,
de todo lo que el tiempo, con su risa,
trocó en el abandono más cruel y doloroso.

II

No debo desnudarme
delante de ese espejo
que muerde la memoria,
que hiere con dureza con los filos
potentes de su brusca dentellada,
consciente de los puertos que quedaron
dormidos en la noche,
dejados sin un faro
que cante nombres bellos del entonces,
los nombres de los barcos que quedan a lo lejos.

III

No puedo desnudarme
y hablar de cada muelle
dejado en los ayeres
que lloran su crepúsculo, su ocaso
bordado de dolores y de angustias,
después de mil galernas, de mil gritos
perdidos en el aire,
dejados en el aire
por el dolor del tiempo que los borra
en nombre de un progreso que esconde la mentira.

2019 © José Ramón Muñiz Álvarez
LA CARIDAD DEL COBRE EN NAVELGAS (ASTURIAS)

- Ana Dolores García
- Navelgas es una pequeña ciudad del Concejo de Tineo, perdida en las verdes y apacibles tierras de las estribaciones de la Sierra de Tineo. Todo el concejo es famoso por la calidad de su ganado vacuno y por sus chacineras, que cubren el consumo de chorizos, choscos, jamón y morcillas de buena parte de España.

Navelgas además tiene una particular historia heredada de sus tiempos romanos: la búsqueda del oro. Todavía hoy en día no son pocos quienes dedican horas al ahora deporte del bateo del oro y se adentran en las aguas del río Navelgas para tratar de conseguir en sus bateas alguna que otra pepita.

Pero para cualquier cubano que logre llegar a esta remota ciudad, lo que más le asombra es encontrar en la vieja iglesia románica de San Juan una imagen de la Patrona de Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Y claro que, si pasamos por la zona, no dejamos de hacer una visita a nuestra "Cachita".

De dos páginas locales en la Web copio su origen e historia:

«Los primeros emigrantes de Navelgas que fueron a probar suerte al otro lado del Atlántico en busca de su propio "oro" trajeron consigo la imagen de la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba, a la vuelta a su patria tras el desastre del 98.

Desde aquel tiempo y hasta la Guerra Civil española la figura de la Virgen de La Caridad descansó en la iglesia parroquial de San Juan de Navelgas.

Cuentan los más viejos del lugar que al poco de comenzar la sublevación militar del 36, por la que España quedó dividida en dos bandos, todas las imágenes religiosas veneradas por los habitantes de la comarca fueron quemadas en la hoguera. Entre ellas estaban San Nicolás, San Antonio, San Roque, San Juan (patrón de Navelgas) y también la propia Virgen de La Caridad.

Al finalizar la guerra todas las imágenes fueron repuestas salvo la Virgen de La Caridad. El pueblo no estaba dispuesto a resignarse a su pérdida y los más devotos decidieron hacer una colecta para comprar una nueva. Los tiempos eran muy difíciles y las ideologías dispares, por lo que la iniciativa no tuvo éxito.

Fue entonces cuando Faustino Rodríguez, recién llegado de Cuba, decidió donar otra imagen de la Virgen de La Caridad. Ésta fue traída desde La Habana y colocada en el mismo lugar que ocupó años atrás la anterior. Desde aquel día la "nueva" Virgen de La Caridad permanece en la iglesia de San Juan al lado del patrón y expectante al paso del tiempo en Navelgas». (http://deromeria. mforos. com).

«El culto a la Virgen de la Caridad se estableció en Navelgas hace siglos. Las investigaciones de la familia Pérez (Casa La Torre, Miño), han aclarado que ya en 1655 existía el culto a la Virgen de la Caridad en Navelgas, posiblemente uno de los primeros lugares en el mundo fuera de la isla.

Hay constancia documental en los archivos históricos asturianos de que la Virgen de la Caridad de Navelgas tenía "casa de novenas" y en los testamentos se mandaban "celebrar misas a La Caridad". Esta imagen tenía "mayordomo" para su capilla y, sobre todo, ya se celebraba "la gran fiesta de La Caridad"». (María G-Castejón, www. pueblos-espana. org)

A pesar de ser San Juan el patrono de Navelgas, la fiesta principal del pueblo es la de la Caridad. La imagen de nuestra Patrona se encuentra en un altar lateral de la iglesia. Su fiesta la celebran siempre el último domingo de agosto al modo acostumbrado en los pueblos de España: Misa solemne. Y, desde luego, bailes y verbenas durante todo el fin de semana.

VUELVO A PONER LA HISTORIA DE LA CARIDAD DE NAVELGAS CACHITA PARA NOSOTROS LOS CUBANOS ESPERO ESTAR ESTE AÑO PARA LAS FIESTAS DE LA PATRONA YA QUE EN CUBA NO PUEDO ESTAR ESPERO LES AGRADE POR SI LA DESCCONOCIAN
Dentro de unos días estaré ahí, adoro Asturias, pues yo soy de Euskadi y me encanta Asturias