Volver al Valle (articulo aparecido en opinion malaga)
Para empezar a hablar del Valle de Abdalajís habría que enseñarles a muchos malagueños un mapa. La Logse sólo se ocupa de los barrancos, riachuelos, matorrales y pastizales del pueblo en el que vive el estudiante mártir. Conocimiento del Medio le llaman a esta felonía cultural. Los que nos libramos de este exterminio intelectual sabemos que allá por las estribaciones que bajan de Antequera a álora se encuentra desde tiempo inmemorial un pueblo que ha vivido del, por, para y desde el agua. Y resulta que ahora no tiene agua. Porca miseria. Ya se lo conté a mis benevolentes lectores hace unos cuatro meses. Este periódico se ha ocupado como ninguno del tema este que agobia, al máximo, a los vallesteros. No en vano aquí, en Granada 42, se editan todos los días las hojas más socialmente sensibles de cuantas aparecen en los quioscos malagueños. Esta aseveración es mía y al que la ponga en el alero le invito a compartir hemeroteca; así de sencillo. Recordarán que les contaba como este pueblo se ha quedado sin agua. Desde la época jurásica hasta nuestros días siempre fueron los pobladores abdalajianos ubérrimos en la posesión y disfrute del líquido elemento. Y ahora, de sopetón, ispso facto, de malas a primeras se han quedado más seco que una mojama. ¿Motivo? El AVE de nuestros desvelos. Bueno, el AVE, no, porque las locomotoras que nos acortarán el viaje a la capital de las ex - Españas aún no han hecho su viaje inaugural. Los perpetradores de este delito de esa naturaleza han sido los que tenían que haberlo previsto y evitado y no lo han hecho. Ni que decirles tengo que oficialmente no ha sido nadie. Esto siempre se sobreentiende. Eso de la responsabilidad es harina para el costal de otros pueblos. En España vamos de otra cosa. Obras Públicas, Fomento, Confederación, y demás compañeros mártires ahuecan el ala y yo no he sido; mire usted no sé de lo que me está hablando. Pero trece mil millones de litros de agua han cogido el camino del mar en una provincia con decreto de sequía sobre sus espaldas, y aquí nadie sabe, nadie contesta. Casi el agua que consumen en un año la Costa y la Capital forman parte a estas horas de la inmensidad del padre Mediterráneo.
El acuífero que reventaron las máquinas tuneladoras, excavadoras, taladradoras y las madre que las trajo aún sigue echando agua. Si no lo sellan, cuando pasemos en tren por los túneles abdalajianos, el espectáculo será digno de ver. Si lo ambientan con la Música Acuática de Haendel y les procuran una iluminación adecuada, los Cameos del Agua de Manrique en Lanzarote serán una cosa aldeana al lado del gran espectáculo que allí nos espera. Es cuestión de imaginación. Pero mis amigos vallesteros no parecen estar por la labor. Ellos quieren que les sellen el acuífero y que los irresponsables de la cosa esta compensen al pueblo con infraestructuras que necesitan casi tanto como el agua. Como son duros de pelar no cejan en la tarea de no dejar dormir este gigantesco estropicio que puede ser tildado, sin pamplinas, como el mayor desastre natural de la provincia de Málaga de los últimos tres millones de años. La pasada semana se plantaron delante del Palacio de la Tinta, sede de la burocracia acuífera mediterránea, en el mismo día en el que se celebraba el Día Mundial del Agua. Qué ocurrencia la de estos vallesteros. Y antesdeayer se fueron a la boca del túnel de sus desdichas a conmemorar, que no celebrar, el primer año del magnicidio. ánimo muchachos y gracias por vuestro señorío, vuestra hidalguía de bien y vuestra saber hacer y estar.
Para empezar a hablar del Valle de Abdalajís habría que enseñarles a muchos malagueños un mapa. La Logse sólo se ocupa de los barrancos, riachuelos, matorrales y pastizales del pueblo en el que vive el estudiante mártir. Conocimiento del Medio le llaman a esta felonía cultural. Los que nos libramos de este exterminio intelectual sabemos que allá por las estribaciones que bajan de Antequera a álora se encuentra desde tiempo inmemorial un pueblo que ha vivido del, por, para y desde el agua. Y resulta que ahora no tiene agua. Porca miseria. Ya se lo conté a mis benevolentes lectores hace unos cuatro meses. Este periódico se ha ocupado como ninguno del tema este que agobia, al máximo, a los vallesteros. No en vano aquí, en Granada 42, se editan todos los días las hojas más socialmente sensibles de cuantas aparecen en los quioscos malagueños. Esta aseveración es mía y al que la ponga en el alero le invito a compartir hemeroteca; así de sencillo. Recordarán que les contaba como este pueblo se ha quedado sin agua. Desde la época jurásica hasta nuestros días siempre fueron los pobladores abdalajianos ubérrimos en la posesión y disfrute del líquido elemento. Y ahora, de sopetón, ispso facto, de malas a primeras se han quedado más seco que una mojama. ¿Motivo? El AVE de nuestros desvelos. Bueno, el AVE, no, porque las locomotoras que nos acortarán el viaje a la capital de las ex - Españas aún no han hecho su viaje inaugural. Los perpetradores de este delito de esa naturaleza han sido los que tenían que haberlo previsto y evitado y no lo han hecho. Ni que decirles tengo que oficialmente no ha sido nadie. Esto siempre se sobreentiende. Eso de la responsabilidad es harina para el costal de otros pueblos. En España vamos de otra cosa. Obras Públicas, Fomento, Confederación, y demás compañeros mártires ahuecan el ala y yo no he sido; mire usted no sé de lo que me está hablando. Pero trece mil millones de litros de agua han cogido el camino del mar en una provincia con decreto de sequía sobre sus espaldas, y aquí nadie sabe, nadie contesta. Casi el agua que consumen en un año la Costa y la Capital forman parte a estas horas de la inmensidad del padre Mediterráneo.
El acuífero que reventaron las máquinas tuneladoras, excavadoras, taladradoras y las madre que las trajo aún sigue echando agua. Si no lo sellan, cuando pasemos en tren por los túneles abdalajianos, el espectáculo será digno de ver. Si lo ambientan con la Música Acuática de Haendel y les procuran una iluminación adecuada, los Cameos del Agua de Manrique en Lanzarote serán una cosa aldeana al lado del gran espectáculo que allí nos espera. Es cuestión de imaginación. Pero mis amigos vallesteros no parecen estar por la labor. Ellos quieren que les sellen el acuífero y que los irresponsables de la cosa esta compensen al pueblo con infraestructuras que necesitan casi tanto como el agua. Como son duros de pelar no cejan en la tarea de no dejar dormir este gigantesco estropicio que puede ser tildado, sin pamplinas, como el mayor desastre natural de la provincia de Málaga de los últimos tres millones de años. La pasada semana se plantaron delante del Palacio de la Tinta, sede de la burocracia acuífera mediterránea, en el mismo día en el que se celebraba el Día Mundial del Agua. Qué ocurrencia la de estos vallesteros. Y antesdeayer se fueron a la boca del túnel de sus desdichas a conmemorar, que no celebrar, el primer año del magnicidio. ánimo muchachos y gracias por vuestro señorío, vuestra hidalguía de bien y vuestra saber hacer y estar.