Un punto filipino
Por Manuel Tinoco
“Mientras yo tenga mi máuser y un soplo de vida España no será vencida. Se necesitan muchos tíos y muy flamencos para quitarle el fusil a Chamizo Lucas”. Así narraba el Teniente Martín Cerezo, destacado en Baler, cómo pensaba y actuaba un malagueño, para más señas un vallestero; Juan Chamizo Lucas. Nacido en el Valle de Abdalajís en el año 1.875, fue enviado a la Guerra de Filipinas y una vez allí trasladado al destacamento de Baler para reforzar esa zona. El batallón expedicionario noº2 estaba compuesto por cincuenta hombres entre mandos y tropa, esta última contaba en su mayoría con edades comprendidas entre los 20 y 25 años. Estos muchachos, y miles mas destacados fuera de la península, no tuvieron la oportunidad de redimir su servicio militar al no poder contar con las tristes 2.000 pesetas de la época para librarse de ir a filas.
Al iniciarse las hostilidades decidieron atrincherarse en la Iglesia del pueblo de Baler, que no era demasiado grande pero contaba con fuertes muros, pertrechándose previamente de alimentos, agua y municiones. Estos hombres estuvieron aguantando pasando hambre, sed y enfermedades que fueron dieznando uno a uno el componenete de dicha fuerza militar. A partir de ese momento comenzó el asedio que duró nada más y nada menos que 337 días. El ejército de los EEUU, años más tarde, reflejó este hecho histórico como ejemplo de valor a seguir por su ejército.
Chamizo destacaría por su valor al realizar, de forma voluntaria, varias incursiones fuera del recinto en busca de alimentos, donde se cuenta que fue herido. Pero sobre todo sobresaldría por su empecinamiento a no rendirse al enemigo. Un enemigo que al principio del conflicto trataba por todos los medios de convencer a los sitiados de que la Guerra entre España y Filipinas había finalizado hacía ya meses. El Teniente del destacamento que quedó al mando narraría en sus crónicas el valor y arrojo de este nuestro vallestero.
Los mandos del ejército Filipino trataron por todos los medios de hacer llegar la noticia del final del conflicto. Hasta que por fin entregaron un periódico de la península en el que entre otras noticias daba cuenta de un traslado de puesto de un militar español amigo de Martín Cerezo de Cuba a Málaga. Fue a partir de ese momento cuando creyeron que las noticias del final del conflicto eran realmente ciertas. El teniente mandó tocar la corneta junto con la bajada de bandera, no sin antes poner una serie de condiciones al ejército Filipino entre las que destacaba no caer prisioneros y rendirse con honor. El bando enemigo aceptó de buen grado reconociendo el valor de los españoles.
El total de supervivientes fue de 33 hombres. El regreso a la península fue de película, agasajándolos por donde pasaban y realizando en su honor fiestas y banquetes. Primero desembarcaron en Barcelona en donde fue licenciado el destacamento concediéndoles la Gran Cruz de Plata al Mérito Militar con distintivo rojo. Al igual que a sus compañeros, a Chamizo se le asignó una pensión de por vida de 7, 50 pesetas, pero además nuestro ayuntamiento le regaló un rebaño de cabras para “ir tirando”.
Contrajo matrimonio con Ana Muñoz, siendo padre de cuatro hijos. Al finalizar la Guerra Civil Española , en la que perdió a dos de sus hijos varones, se trasladó a Málaga en busca de una situación económica más favorable. En 1940 Chamizo fallece en la capital siendo enterrado en el Cementerio de San Rafael. Hasta hoy sus restos mortales siguen sin ser localizados.
Pero no sólo en Filipinas hubo vallesteros, en Cuba también libraron batalla paisanos de Chamizo como fueron; Ramón Espejo Muñoz, Francisco Sánchez Martín, José Sierras Vegas, José Ramos Jiménez y Francisco Conejo Muñoz.
Con motivo del primer centenario de la pérdida de las colonias de ultramar (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) se quiso conmemorar con actos en todas las localidades a las cuales pertenecieron los supervivientes. En el Valle decidimos hacer nuestro humilde homenaje al hecho histórico de Baler y a la figura un tanto quijotesca que representó Juan Chamizo con exposición fotográfica, armas, mobiliario, libros y utensilios de la época, proyección del film documental “Los últimos de Filipinas” (película realizada en los años 40 en la que se refleja visicitudes del destacamento español, contando con uno de los personajes centrales como Juan Chamizo, encarnado en el actor español Fernando Rey), etc. Además, el acto contó con la visita del señor Exequiel Sabarillo, persona que sigue desde hace varios años el asunto desde su Filipinas natal. El Señor Sabarillo dio una extensa charla en la Casa de la Cultura donde se realizaron estas actividades los días 25 y 26 de diciembre de 1999 y 1 y 2 de enero del 2000. También pudimos contar con la ilustrativa presencia del ya fallecido Don Cristóbal Castro, el cuál actuó como verdadero maestro de ceremonias demostrando también su interés desde hacía muchos años por la figura de Chamizo y su gesta.
Por Manuel Tinoco
“Mientras yo tenga mi máuser y un soplo de vida España no será vencida. Se necesitan muchos tíos y muy flamencos para quitarle el fusil a Chamizo Lucas”. Así narraba el Teniente Martín Cerezo, destacado en Baler, cómo pensaba y actuaba un malagueño, para más señas un vallestero; Juan Chamizo Lucas. Nacido en el Valle de Abdalajís en el año 1.875, fue enviado a la Guerra de Filipinas y una vez allí trasladado al destacamento de Baler para reforzar esa zona. El batallón expedicionario noº2 estaba compuesto por cincuenta hombres entre mandos y tropa, esta última contaba en su mayoría con edades comprendidas entre los 20 y 25 años. Estos muchachos, y miles mas destacados fuera de la península, no tuvieron la oportunidad de redimir su servicio militar al no poder contar con las tristes 2.000 pesetas de la época para librarse de ir a filas.
Al iniciarse las hostilidades decidieron atrincherarse en la Iglesia del pueblo de Baler, que no era demasiado grande pero contaba con fuertes muros, pertrechándose previamente de alimentos, agua y municiones. Estos hombres estuvieron aguantando pasando hambre, sed y enfermedades que fueron dieznando uno a uno el componenete de dicha fuerza militar. A partir de ese momento comenzó el asedio que duró nada más y nada menos que 337 días. El ejército de los EEUU, años más tarde, reflejó este hecho histórico como ejemplo de valor a seguir por su ejército.
Chamizo destacaría por su valor al realizar, de forma voluntaria, varias incursiones fuera del recinto en busca de alimentos, donde se cuenta que fue herido. Pero sobre todo sobresaldría por su empecinamiento a no rendirse al enemigo. Un enemigo que al principio del conflicto trataba por todos los medios de convencer a los sitiados de que la Guerra entre España y Filipinas había finalizado hacía ya meses. El Teniente del destacamento que quedó al mando narraría en sus crónicas el valor y arrojo de este nuestro vallestero.
Los mandos del ejército Filipino trataron por todos los medios de hacer llegar la noticia del final del conflicto. Hasta que por fin entregaron un periódico de la península en el que entre otras noticias daba cuenta de un traslado de puesto de un militar español amigo de Martín Cerezo de Cuba a Málaga. Fue a partir de ese momento cuando creyeron que las noticias del final del conflicto eran realmente ciertas. El teniente mandó tocar la corneta junto con la bajada de bandera, no sin antes poner una serie de condiciones al ejército Filipino entre las que destacaba no caer prisioneros y rendirse con honor. El bando enemigo aceptó de buen grado reconociendo el valor de los españoles.
El total de supervivientes fue de 33 hombres. El regreso a la península fue de película, agasajándolos por donde pasaban y realizando en su honor fiestas y banquetes. Primero desembarcaron en Barcelona en donde fue licenciado el destacamento concediéndoles la Gran Cruz de Plata al Mérito Militar con distintivo rojo. Al igual que a sus compañeros, a Chamizo se le asignó una pensión de por vida de 7, 50 pesetas, pero además nuestro ayuntamiento le regaló un rebaño de cabras para “ir tirando”.
Contrajo matrimonio con Ana Muñoz, siendo padre de cuatro hijos. Al finalizar la Guerra Civil Española , en la que perdió a dos de sus hijos varones, se trasladó a Málaga en busca de una situación económica más favorable. En 1940 Chamizo fallece en la capital siendo enterrado en el Cementerio de San Rafael. Hasta hoy sus restos mortales siguen sin ser localizados.
Pero no sólo en Filipinas hubo vallesteros, en Cuba también libraron batalla paisanos de Chamizo como fueron; Ramón Espejo Muñoz, Francisco Sánchez Martín, José Sierras Vegas, José Ramos Jiménez y Francisco Conejo Muñoz.
Con motivo del primer centenario de la pérdida de las colonias de ultramar (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) se quiso conmemorar con actos en todas las localidades a las cuales pertenecieron los supervivientes. En el Valle decidimos hacer nuestro humilde homenaje al hecho histórico de Baler y a la figura un tanto quijotesca que representó Juan Chamizo con exposición fotográfica, armas, mobiliario, libros y utensilios de la época, proyección del film documental “Los últimos de Filipinas” (película realizada en los años 40 en la que se refleja visicitudes del destacamento español, contando con uno de los personajes centrales como Juan Chamizo, encarnado en el actor español Fernando Rey), etc. Además, el acto contó con la visita del señor Exequiel Sabarillo, persona que sigue desde hace varios años el asunto desde su Filipinas natal. El Señor Sabarillo dio una extensa charla en la Casa de la Cultura donde se realizaron estas actividades los días 25 y 26 de diciembre de 1999 y 1 y 2 de enero del 2000. También pudimos contar con la ilustrativa presencia del ya fallecido Don Cristóbal Castro, el cuál actuó como verdadero maestro de ceremonias demostrando también su interés desde hacía muchos años por la figura de Chamizo y su gesta.