Al descubrir la Chorrera de Balastar, uno tiene la sensación de encontrarse frente a un tesoro escondido. Y si nos ha guiado hasta allí el
agua, nos sentiremos doblemente bien. Nos situamos sobre la Colina de Don Fabrique, en
Faraján, el “cisne blanco sobre un estanque de esperanzas”, como lo describió E. Hemingway. Desde ahí iniciaremos un
paseo, a la derecha de la
calle principal, y en seguida nos sorprenderán las
huertas que cultivan sus vecinos, los
árboles frutales, restos de un antiguo
molino y también de canalizaciones y acequias que datan de la época musulmana. Después el rugido del agua nos anuncia que hemos llegado a la Chorrera, una
cascada de más de diez metros sobre unos travertinos, en una zona abancalada cerca del nacimiento del Balastar. Un
nogal nos ofrece su
sombra para que contemplemos relajados la belleza del agua.