La
noche se difuminó en una mañana gris, y la ciudad mudó sus
sombras, alumbrando una algarabía de
coches repletos de caras ateridas que escapan presurosas de su guarida. La
procesión del trabajo se repite igual cada día. Monótonas máquinas comienzan a funcionar manejadas por los mismos deseos y esperanzas de ayer y de mañana. Llueve despacio, mansamente veo resbalar las gotas en los cristales de la
ventana mientras escucho el silencio que presagia la nada.
Saludos para Lazarillo. Muy acertado
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